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No corramos el mismo riesgo de La FIFA

26 de junio de 2015
No corramos el mismo riesgo de La FIFA

¿Estamos tomando los programas de responsabilidad social o sostenibilidad, como un requerimiento externo que aumenta la reputación de las empresas y no nos permite quedarnos atrás en la moda del boom social de la empresa? O ¿realmente estamos insertando en el ADN de nuestras organizaciones (la cultura) la importancia de una actuación que no vaya en detrimento de nadie?

El último mes la Fédération Internationale de Football Association (FIFA) comenzó a tener gran relevancia en todos los medios de comunicación internacionales, por la revelación de una investigación adelantada, hace tres años, por la fiscalía de Estados Unidos, que implicaba corrupción al interior de la institución. Resultado de esta investigación las autoridades estadounidenses acusaron 14 directivos de corrupción en la FIFA, de los cuales 7 fueron arrestadas en Suiza y provocó la renuncia de Joseph Blatter, presidente de la organización. Presuntamente las personas involucradas en el escándalo, estaban recibiendo sobornos para diferentes adjudicaciones, en las que posiblemente estaban involucradas las sedes de los mundiales de 2018 y 2022, por montos cercanos a los $150 millones de dólares.


La FIFA es una organización internacional con más de 100 años de tradición, que tiene su sede principal en Suiza y está compuesta por 209 asociaciones nacionales. La misión de la FIFA es mejorar constantemente el fútbol. El evento más importante organizado por la FIFA, la copa mundial de fútbol, en la final reúne un número aproximado de 800 millones de televidentes, de todos los países del mundo. Organizacionalmente este escándalo tiene gran importancia, desde el punto de vista de la relación de una organización con su entorno y las demandas de responsabilidad que su alcance internacional y reconocimiento, implican.


La FIFA es importante, no solamente, por su poder económico, que recauda cerca de los 3.5 billones de dólares en cada mundial, ni su participación internacional en la mayoría de países, sino por la figura de autoridad que representa, en adjudicaciones de sedes para eventos deportivos y, también, por la figura de repartición de justicia deportiva, que constituye. En el fondo, esta responsabilidad convierte a la FIFA, en un agente moral, de la cual las personas en el mundo, esperan transparencia en el manejo de sus actividades, por su naturaleza de organización sin ánimo de lucro.


Es importante saber que la FIFA en su página tiene varias publicaciones de políticas de gestión de organización sin ánimo de lucro, que le ayuden a cumplir su misión de mejorar el futbol y todo lo que esto implica. Entre estas publicaciones se encuentra, curiosamente, un programa de sostenibilidad, que no solamente involucra un ámbito económico, sino que un componente social importante; igualmente, tienen publicado un código de ética; y, un manifiesto de finanzas transparentes e integras.


Como muchas de nuestras empresas, la FIFA ha adaptado a través de la evolución organizacional diferentes políticas para ser socialmente responsable y responderle a todos sus grupos de interés satisfactoriamente, poniendo los medios para ser sostenible en su gestión. Sin embargo ¿por qué a pesar de todos estos mecanismos surge un caso de corrupción tan importante dentro de sus miembros principales?


Normalmente estos escándalos, cuando se abordan desde el punto de vista organizacional, muchas veces se descubren incoherencias entre lo que la empresa promulga y lo que al final sus miembros terminan haciendo. Esto nos puede dejar una enseñanza, entendiendo que la coherencia no es una cualidad de las empresas, sino una virtud de las personas, que toma tiempo y muchos esfuerzos para ser formada en la mayoría de los miembros de la organización, comenzando por los más importantes.


La cultura se implementa por los líderes, mientras los directivos no estén contagiados de una cultura de transparencia y de obrar correcto, la organización no llegará a ser transparente. Todo se contagia desde arriba. Las políticas empresariales de responsabilidad social y comportamiento ético, deben estar dirigidas a las personas, para que con el tiempo vayan haciéndose realidad.


Es hora de cuestionaros si en nuestras organizaciones ¿Estamos tomando los programas de responsabilidad social o sostenibilidad, como un requerimiento externo que aumenta la reputación de las empresas y no nos permite quedarnos atrás en la moda del boom social de la empresa? O ¿realmente estamos insertando en el ADN de nuestras organizaciones (la cultura) la importancia de una actuación que no vaya en detrimento de nadie?


Independientemente si el escándalo de corrupción en la FIFA es cierto o no, es un buen momento para responder estas preguntas. Es necesario generar desde ya medidas preventivas en nuestras empresas, que eviten situaciones no deseadas, que aparte de dañar nuestra imagen ante la sociedad, producen efectos indeseados con nuestros grupos de interés. Para llegar a este punto, que muchas veces parece idealista, es necesario que toda acción que emprendamos al interior de la empresa para mejorar nuestra relación con los stakeholders, esté completamente alineada con la misión de la empresa, de tal forma que cualquier decisión al interior de la organización, pase por la prueba ácida del beneficio social que genera.

 

Sebastián Cortés Mejía

sebastian.cortes@inalde.edu.co

@SebasCortesM


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