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Parece que constantemente nos olvidamos de lo más importante de dirigir

18 de marzo de 2016
Parece que constantemente nos olvidamos de lo más importante de dirigir

Somos responsables de asegurar que a pesar que el trabajo sea duro y la jornada demandante, cada subordinado llegue a la casa con una sonrisa en la cara, porque fue comprendido y tuvo un trato personal, único y enfocado a sus motivaciones.

Hace algunos meses publicamos en este blog un comentario sobre las expectativas que tienen los trabajadores de sus jefes. Hacíamos relación a la importancia de la transparencia intrapersonal en las relaciones laborales, especialmente en las de subordinación, donde el jefe se convierte en un referente moral. Aprovechando la coyuntura de paro nacional en Colombia, incentivado principalmente por trabajadores de diferentes sectores que reclaman ciertos derechos, quiero hacer una entrada sobre la importancia de una relación bidireccional en la subordinación.
Hace poco escuché la historia de Carlos, un trabajador joven que llevaba algunos años en una empresa, donde su relación con el jefe directo solamente era para reportar informes, planear reuniones y asistir a encuentros “uno a uno” para tratar solamente “puntos de mejora”. Un día Carlos decidió inscribirse a una maestría con posibilidad de beca, con el objetivo de aspirar a un mayor cargo, un mayor salario y “poderle dar la talla” a los requerimientos del jefe. Finalmente, Carlos fue aceptado para la maestría y recibió una beca del 75% para sus estudios. No era cuestión fácil, únicamente recibían esta beca 4 personas de 60 candidatos que anualmente se postulaban la maestría.
Lo único que le faltaba a Carlos era un permiso de su jefe para salir jueves y viernes dos horas antes del trabajo, para asistir a las clases de la maestría que no eran el fin de semana. Con gran motivación e ilusión, Carlos decidió hablar con su jefe concretando una cita. Llegado el día de la reunión, Carlos entra a la oficina de su jefe, quién sin invitarlo a sentar le dice: “¡espero esto no tome mucho tiempo! porque voy de salida”. Carlos decide resumir su discurso, enfocándose a conseguir el permiso, el asunto que más lo preocupaba. El jefe de Carlos, sin hacer preguntas, le dijo “primero que todo te felicito, pero no entiendo para que te inscribes en una maestría que se cruza con tu trabajo, estás muy joven y todavía puedes buscar más opciones de maestría, de hecho hoy en día hay tantas formas de recibir becas, que no te estás perdiendo de nada si buscas una que se adapte mejor a tus horas laborales, ¡hasta de pronto sea de mejor calidad!”
La historia de Carlos parece genérica. Estamos acostumbrados a que historias como esta, abunden diariamente en nuestras empresas. Parece que nos acostumbramos a dirigir personas hacia objetivos definidos por la empresa, olvidándonos que las personas tienen sus propios objetivos, sueños e ilusiones. Parece que en el trato diario nos relacionamos con personas como si fueran simples medios de producción para llegar a los objetivos organizacionales. Parece que nos olvidamos que antes de llegar a puestos directivos, pasamos por las mismas dificultades que nuestros subordinados y en vez de quererles hacer la vida más fácil, queremos que vivan nuestras mismas experiencias y, si es posible, con mayor dificultad. Parece que nos olvidamos que la jerarquía en la empresa simplemente es una acción práctica para mejorar la gestión empresarial y sacamos provecho de esta para considerar de mayor importancia los intereses de la empresa que los intereses los empleados. De hecho, se nos olvida que somos jefes, no para comportarnos como comandantes, sino para ser mentores de esas personas. En definitiva, se nos olvida que lo más importante de la organización son las personas y que tenemos una responsabilidad con cada uno de los subordinados y sus familias. Somos responsables de asegurar que a pesar que el trabajo sea duro y la jornada demandante, cada subordinado llegue a la casa con una sonrisa en la cara, porque fue comprendido y tuvo un trato personal, único y enfocado a sus motivaciones.
No es tarea fácil tomar pastillas para la memoria y recordar en el trato diario estos detalles. Nosotros también tenemos jefes que nos exigen diariamente, parecemos responder por todos los frentes a mil responsabilidades, el afán diario parece ponderar los logros organizacionales por encima de las personas, parece imposible humanizar la vida laboral; pero si no fuéramos capaces de atender a todas estas demandas, ¡no seríamos directivos! Entonces, ¿cómo está tu trato personal diario con tus subordinados? ¿Logras entender lo que los motiva? ¿Qué haces para conocer lo que motiva a tus empleados? ¿Crees saber siempre lo que es mejor para para ellos, sin siquiera conocerlos? ¿Te importa el futuro profesional de tus subordinados, así éste no sea dentro de tu empresa? ¿Te importa sus ilusiones y sueños? ¿Aconsejas a tus subordinados simplemente en función los objetivos empresariales o en función a su desarrollo profesional y personal? ¿Tus subordinados tienen confianza para contarte sus proyectos personales?
Sí, puede parecer un examen de conciencia, pero todas estas preguntas ¡tienen que ver contigo! ¡Tiene que ver con tu responsabilidad! ¡Tienen que ver con tu liderazgo! ¡Tiene que ver con que tienes en tus manos la posibilidad de hacer la vida de una persona más agradable todos los días! ¡Tienen que ver con crear una cultura organizacional sostenible! ¡Tiene que ver con crear relaciones bidireccionales con tus subordinados! donde no solo busques cumplir tus intereses y los de la empresa, sino los de las personas que trabajan para la organización.

 

Sebastián Cortés Mejía

sebastian.cortes@inalde.edu.co

@SebasCortesM


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