| ¿Para qué usar el método del caso? |
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Los problemas con los que nos enfrentamos se pueden dividir en dos tipos: operativos y no operativos. Los problemas operativos son aquellos en los que el problema está claramente identificado y se sabe que debe existir una solución, aunque esta pueda ser muy complicada. El problema se reduce a tener unos conocimientos y unas herramientas y por eso se puede encontrar un laboratorista, un ingeniero, un cirujano. El aprendizaje que se exige para la solución de estos problemas es el habitual para adquirir unos conocimientos y unas técnicas que siempre se repiten con pequeñas variaciones. Los problemas no operativos no suelen estar claramente identificados, no se sabe si existe alguna solución y es posible que tengan varias soluciones; suelen involucrar una enorme cantidad de factores que los hacen irrepetibles. Son los problemas que definen la categoría de un directivo, un político o un militar. De estos hombres se espera que tengan la capacidad para tomar decisiones correctas ante problemas no operativos. Los problemas operativos se dejan en manos de los técnicos, mientras que el Método del Caso se ha demostrado como el más apto para facilitar la adquisición de ese tipo de habilidades que necesitan los directivos para enfrentar los problemas no operativos. Sin embargo, es poco útil para enseñar teorías o modelos teóricos. Quienes han ejercido la función directiva durante un cierto tiempo han adquirido ese conocimiento por medio de la experiencia. La capacidad de gobernar no se aprende en los libros. Pero el Método del Caso aporta ciertas ventajas para el perfeccionamiento de los directivos: - Los errores no salen tan caros en la experiencia simulada como en la experiencia real. |