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Cuidado con
las generalizaciones

1 de junio de 2016
Cuidado con
las generalizaciones

Esta edición de la revista está dedicada al cambio generacional. No sé a ustedes, pero a mí, a veces, cuando oigo hablar sobre este tema, me pare- ce un horóscopo: “los nacidos entre tal y tal fecha son de esta forma”, ¿si será verdad? Supongo que, respaldados por tantos estudios, algo habrá de cierto en lo que dicen; no quiero contradecirlos. Solo les pido a ustedes que sean cautos al escuchar sobre las generaciones (X, Y, Z, MTV, Peter Pan, Milenio) por las siguientes razones:

    1. Son muchas las influencias
que recibimos


Es verdad que nacer en cierta época nos influye, somos frutos de nuestro tiempo, si se quiere, pero no solo del tiempo; también lo somos de nuestra herencia, de la educación, de lo que nos haya pasado en nuestra infancia, de los libros que hayamos leído, del colegio o de la falta de él, de nuestros amigos, de la ciudad en la que vivimos, de los viajes que hayamos hecho, de los accidentes que nos hayan afectado, de la religión de nuestros padres, de si los tuvimos o no. En fin, son tantas y tantas las influencias que hemos recibido, que es difícil pretender describirnos completamente solo porque nacimos en cierta fecha. 

    2. También somos nuestras decisiones


Independientemente de lo que nos haya afectado o del camino al que las circunstancias nos hayan llevado, lo cierto es que podemos elegir y esas elecciones hacen de nosotros lo que somos. Quizá mi generación sea consumista, pero yo puedo elegir no serlo. De pronto mis amigos no quieren casarse jóvenes, pero yo sí. 

   

   3. Las circunstancias no son iguales para toda la generación


Es evidente que las nuevas generaciones compran por Internet, algo que no hacían las anteriores; pero en ciertas regiones no han llegado aún las nuevas tecnologías o, al menos, no como en otras partes, de manera que los jóvenes de esas regiones no encajan en el patrón “general”. Y como Internet, muchas cosas llegan primero a otros lugares o no llegan del todo. 

     4. La naturaleza humana es la misma

Por encima de las circunstancias, la naturaleza humana no ha cambiado. Seguramente somos más proclives a algunas cosas, se nos facilita mostrar ciertas facetas, según las circunstancias, pero en el fondo, no somos muy diferentes de nuestros antepasados. Las motivaciones que nos llevan a trabajar, a enamorarnos, lo que buscamos en una amistad, la curiosidad y osadía juvenil siguen siendo las mismas de toda la vida. Por decirlo así, la edad de jubilación podrá cambiar, pero la presbicia sigue presentándose a la misma edad.      

    5. Todo tiempo pasado fue mejor

Desde los tiempos del poeta Manrique (y desde antes), los mayores sienten que “ya no es lo mismo”. Tenemos ese sesgo que nos hace ver que la juventud “está echada a perder”, de la misma forma que la juventud considera obsoletos los gustos de sus padres. El tiempo mostrará a unos y a otros que estaban equivocados: esa música anticuada será luego la música amada y esa generación “perdida y sin valores” será la que más tarde se extrañará por buena.
Si las generaciones actuales están echadas a perder, y eso ha pasado por siglos, ¿cómo es que aún estamos en este mundo? ¿Será que los cavernícolas eran los que sí tenían verdaderos valores? 

     6. El gusto por lo simplista


Nos encantan las simplificaciones y los estereotipos; nos gusta acomodar a las personas en cajas y etiquetarlas; nos apasiona creer que sabemos más de lo que en realidad sabemos. Cuando vemos un comportamiento en otra persona, nos satisface explicar cuál ha sido la causa de este; reconocer el patrón que hemos aprendido. Nos agobia la complicación; preferimos las respuestas simples: “eres generación tal, típico”. 

     7. La tranquilidad de sentirse parte de algo


Nos apasiona pertenecer a grupos o categorías, ser hinchas de un equipo, sentirnos parte de una élite o de una generación. Lo expresamos con satisfacción y con orgullo. Curiosamente nos sentimos bien con los clichés que nos describen. No siempre nos revelamos reclamando nuestra particular identidad y eso es campo abonado para las generalizaciones.

     8. El creer que después de mí, el Diluvio


No solo somos parte de un grupo, equipo o generación, sino que los demás grupos, equipos y generaciones no valen tanto como la nuestra. Es, de nuevo, nuestro atávico gregarismo que a veces se manifiesta en las graderías de un estadio y a veces en las páginas de una revista. 

      9. Las profecías autocumplidas


Si como directivos suponemos un comportamiento, es posible que terminemos creándolo en un proceso de profecía autocumplida. Si creemos, por ejemplo, que no es bueno invertir en capacitación de la generación “tal” porque se van muy rápido de la empresa, es posible que, en efecto, se terminen yendo pero porque no se sienten valorados ni ven que se invierta en su capacitación y futuro. Cuando se vayan, entonces diremos: “¿Ven?, por eso no se debe invertir en esta generación”. 

     10. Ignoramos lo que nos contradice
y evidenciamos lo que nos reafirma


Si creemos que una generación se debe portar de cierta forma y un miembro de ella se comporta así, confirmamos con entusiasmo lo que creemos. Pero si, por el contrario, su conducta se aleja del patrón, tendemos a ignorarlo o verlo como una “anomalía”, incluso como “la excepción que confirma la regla”, prueba máxima de la dificultad de aceptar que sencillamente podemos estar equivocados. 

Así pues, mi llamado es a tomar con precaución las generalizaciones porque, aunque a veces son necesarias y pueden ser útiles, mal usadas pueden ser fatales. Los seres humanos somos distintos unos de otros, cambiamos incluso de año a año; no nos reconoceríamos si nos encontráramos con nuestro yo de hace unas décadas.

En el tema de las generaciones hay o puede haber ciencia, pero también moda y charlatanería. Un buen estudio, una buena generalización ayuda, aclara y explica, siempre y cuando se tome como lo que es; se reconozcan sus limitaciones y se sea, al menos, un poco cauto con lo que se oye y se lee. 

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