La innovación no es un juego de niños : Detalle blog - Inalde

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La innovación no es un juego de niños

La innovación no es un juego de niños

Dos revelaciones para fomentar la innovación en las empresas, cortesía de mis hijos. Ideas para transformar las organizaciones a través de la innovación, pero basándose en las lecciones que nos aportan los juegos, los niños y su particular manera de mirar el mundo.

Raúl Lagomarsino Ph.D.
Director Académico
INALDE Business School 

Todos los padres o madres que tenemos hijos pequeños y tenemos que viajar por uno u otro motivo, sabemos que a nuestro regreso nos espera una pregunta. No importa que el viaje haya sido corto o largo, tampoco si el destino estaba a unos pocos kilómetros o en las antípodas. Hay una pregunta que nos espera, inevitable, en el momento que nuestros hijos nos ven: “Papá, ¿qué me trajiste?”

En mi caso, lo curioso es que aún siguen preguntando, a pesar de que la respuesta es siempre la misma: “No traje nada. Papá no trae regalos de los viajes”. ¿Ustedes creen que les importa? De ninguna manera. Ellos siguen preguntando.

En los últimos años he hablado de este peculiar comportamiento de mis hijos con padres y madres en muchos países, y para mi tranquilidad, parece que no son la excepción. Si usted tiene hijos pequeños probablemente en casa lo esperen con la misma temida pregunta.

Si es así, le tengo buenas noticias. A continuación le voy a revelar el secreto del “regalo perfecto” para un niño o niña de entre 5 y 10 años y, al mismo tiempo, intentaré contarle cómo aprovechar esas ‘revelaciones’ para transformar su organización a través de la innovación.

1. Primera revelación: El juguete perfecto

La historia comienza en 2008, cuando con mi esposa y nuestros cuatro hijos nos vinimos a vivir a Colombia. El viaje en avión con los cuatro pequeños fue una experiencia interesante, pero luego nos tocó esperar que llegara el resto de nuestras pertenencias, que venían por barco.

Imagínense ahora a cuatro niños sin sus amigos y familiares, en un país nuevo, sin sus juguete… lo que en la superficie es solo una complicación logística, en el día a día es una calamidad.

Confieso que en este caso relajamos un poco la regla de los regalos, y lo primero que hicimos cuando nos instalamos fue salir a comprar un par de juguetes para cada uno, lo que nos ayudó mucho… por tres días.

Finalmente, luego de casi dos meses de tener a cuatro hijos preguntando día y noche cuándo tendrían sus juguetes, estos llegaron, y la casa fue toda alegría… por una semana.

Luego de ese tiempo, se acabó la luna de miel con los nuevamente descubiertos juguetes viejos, que volvieron a quedar desparramados por todos lados como solían estar. Dos metros cúbicos de juguetes lo único que nos consiguieron fue una semana de tregua. Y justo en ese momento, encontré el juguete perfecto. O más bien, ellos lo encontraron.

La gran revelación llegó una mañana de domingo. El día anterior habíamos terminado por fin de desempacar, y puesto los últimos detalles al nuevo hogar. Nuestra casa volvía a tener la apariencia de una casa en orden (al menos lo que en mi familia puede llamarse orden).

El único elemento fuera de lugar era la caja de la nevera, que estaba plantada en el medio de la sala esperando a que me decidiera a sacarla a la calle.

Cuando finalmente mi esposa me pidió que sacara de una buena vez la caja, dos de los pequeños estaban jugando dentro de ella. Como era de esperar, aproveché para continuar leyendo las noticias por un buen rato.

Por la tarde, la caja de la nevera había dejado de ser una casa para convertirse en un submarino, y luego en un refugio contra dinosaurios. Por la noche ya nadie jugaba con ella, así que pensé que podría finalmente sacarla a la calle.

Cuando ya la estaba quitando de en medio, Pilar, mi hija mayor, me pidió que la conserváramos, porque al día siguiente quería pintarla y usarla como “mega-casa” de sus muñecas. Mi esposa aceptó. Para acortar la historia, durante una semana los niños volvían del colegio a jugar con la caja de la nevera. A veces el juego era meterse dentro y esconderse de los adultos, otras veces era una nave espacial, y otras veces era una especie de coctelera humana donde los grandes se metían dentro y los pequeños saltaban encima. De una u otra forma, siempre se las arreglaban para jugar todos juntos.

Luego de una semana durante la cual la caja de la nevera cumplió una enorme variedad de roles, los niños decidieron que necesitaban más cajas y la cortaron por la mitad. Ahora tenían dos cajas, que se volvieron caparazones de tortugas, mientras ellos caminaban en cuatro patas dentro de ellas y las chocaban entre sí. Luego las pusieron boca arriba, y empujándose unos a otros las transformaron en autos que también chocaban entre sí.

Al cabo de otra semana, solo quedaron unos grandes trozos de cartón más o menos pegados entre sí. Finalmente, lo que una vez fue la caja de una nevera fue a descansar a la basura, con la satisfacción de haber ido mucho más allá de la línea del deber.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con la innovación en su empresa?

Luego de contar esta anécdota docenas de veces frente a muy variados grupos de empresarios y directivos como un simpático ejemplo de creatividad, empecé a pensar que quizá hay más en el ejemplo de lo que se ve a primera vista.

Primer aprendizaje: Activar el modo travesura en nuestros equipos

Para empezar, tuve la caja de la nevera frente a mí durante días y fui incapaz de encontrarle algún valor, una vez que había cumplido su función original. Para mí se había transformado en basura. A pesar que desde hacía tiempo estaba preocupado por tener a mis hijos divertidos y felices en sus primeros días en un nuevo país, no pude ver las infinitas posibilidades que esa caja tenía de brindar valor a mis hijos.

Los adultos pensamos con el paradigma del cumplimiento, que se basa en objetivos, control, evitar desviaciones y minimizar riesgos. Los niños, por naturaleza, piensan con el paradigma de la travesura, que se basa en explorar posibilidades, encontrar nuevo valor y maximizar los beneficios.

Segundo aprendizaje: Bajar el centro de gravedad

En segundo lugar, la caja permitió a mis hijos tomar la iniciativa. La caja no era un juguete con una función preestablecida y un manual de instrucciones. Ellos fueron quienes crearon su propio valor, trabajando en equipo, con un objetivo común, y divirtiéndose en el proceso.

Es justo agregar que mis hijos tuvieron la suerte de que cuando descubrieron la caja, los padres estábamos de buen humor, sin prisas, en una mañana de domingo, por lo cual los dejamos experimentar. Si hubiera sido otro día, o estuviéramos esperando visitas, probablemente la caja habría terminado en la basura prematuramente.

Trabajando con empresas que enfrentan dificultades que a veces parecen insuperables, siempre me sorprendo de la testarudez con que la alta dirección se niega a empoderar a sus equipos para que sean estos los que propongan soluciones innovadoras. De igual forma, cuando me encuentro con empresas con el coraje de hacerlo, lo que me sorprende es la alta calidad de las alternativas que sus equipos son capaces de generar, el alto grado de compromiso que generan y el entusiasmo que se despierta al interior de la organización.

Corolario: ¿Dónde está la caja de la nevera en su empresa?

En su empresa hay incontables cajas de nevera esperando ser descubiertas. Usted y su equipo pasan frente a ellas todos los días. Son proyectos que podrían ejecutarse si tan solo se empoderara a las personas para emprenderlos. Diamantes que nadie recoge porque están demasiado ocupados buscando carbón.

Ojalá nos atreviéramos a bajar el centro de gravedad de nuestras empresas, y diéramos verdadero poder a los equipos para diseñar el futuro pensando con la mente del niño que hace travesuras.

De todas formas, si tiene hijos pequeños, no deje pasar la oportunidad de llegar un día a casa con la caja de una nevera. Déjela en medio de la sala y no les diga nada. ¡No se va a arrepentir!

2. Segunda revelación: La anatomía de los juegos

Con frecuencia escucho quejas de padres y educadores con respecto a la incapacidad de las nuevas generaciones para mantener la concentración por más de cinco minutos, y las consecuencias nefastas que esto podría tener sobre el aprendizaje y desarrollo de esos niños.

Confieso que a mis pequeños también les cuesta mantenerse enfocados en sus tareas, y si no fuera porque la madre está muy pendiente de ellos, la mitad de las veces les quedarían sin hacer.

Sin embargo, estoy seguro de que mis hijos tienen una capacidad enorme de concentración y que lo mismo pasa con la mayoría de los niños. Para comprobar que mi tesis es cierta, no me hace falta más que verlos jugar con su consola Wii.

¿Alguna vez ha visto a un niño jugar en una de estas consolas? Hasta este momento, yo no había caído en la cuenta del grado de inmersión que algunos de esos juegos son capaces de generar.

Viendo a mis hijos jugar un domingo por la mañana, me puse a pensar: ¿Qué tienen los videojuegos que los hacen tan adictivos? ¿Cómo es posible que sean capaces de lograr que mis hijos se concentren por completo en un desafío, y no paren hasta conseguirlo?

Y luego reflexioné: ¿Si hubiera una fórmula para el éxito de los videojuegos, podría esta aplicarse a los puestos de trabajo en las empresas?

Tercer aprendizaje: Los juegos son cosa seria

Por sorprendente que parezca, hace mucho que los videojuegos dejaron de ser una forma de entretenimiento pasajero. La industria de los videojuegos mueve hoy el doble de dinero que la industria de la música. World of Warcraft, el líder en el mercado de juegos online multijugador, tiene más de 12 millones de suscriptores que pagan US$15 al mes para participar de las misiones y desafíos que su mundo virtual presenta. Y no estamos hablando de niños solamente: la edad promedio del jugador de videojuegos hoy en día es de 35 años.

Ante esta realidad, centros de investigación como el Institute for the Future han comenzado a estudiar de forma sistemática los videojuegos y a sus usuarios para ver qué aprendizajes pueden extraerse y cómo estos se podrían aplicar a otros campos de actividad.

Hay un primer aprendizaje que salta a la vista: no todos los videojuegos son buenos. Hay algunos que resultan tremendamente adictivos, mientras que otros resultan aburridos antes de diez minutos. El secreto para que resulten adictivos no está en la calidad de los gráficos, ni en lo complejo de la trama. Hay juegos como el Tetris que, a pesar de su simplicidad extrema, han sido capaces de pegarnos a la pantalla por horas.

El secreto está en el diseño. Hay ciertos elementos que los buenos videojuegos tienen en común y les permite mantener a sus usuarios pegados a la pantalla durante horas.

  • Brindan una actividad satisfactoria. No importa si la actividad es simple o compleja, resulta agradable realizarla.
  • Proveen una curva de aprendizaje adecuada. Los primeros niveles son accesibles, pero presentan desafíos incrementales para que tampoco resulten aburridos. A medida que se avanza de nivel, el juego se enriquece y se hace más complejo para mantener el elemento de desafío.
  • Dan feedback inmediato. Si uno consigue sobrepasar un desafío, la recompensa es instantánea. No hay que esperar.
  • Ofrecen la posibilidad de ser bueno en algo. Cada jugador elige el juego que mejor se adapta a su potencial y en el que puede ser bueno. Hay juegos en los que el jugador puede elegir entre distintos roles, cada uno con diferentes habilidades, permitiendo así un mayor encaje entre el jugador y el desafío.
  • Dan la oportunidad de ser parte de algo épico: ganar la Copa del Mundo, conquistar la galaxia o simplemente vencer el nivel 20. Para quien está dentro del juego, es cuestión de vida o muerte.
  • Finalmente, contrario a lo que podría suponerse, los videojuegos no aíslan a la persona, sino que son cada vez más una experiencia compartida. La mayoría de los que juegan lo hace en compañía de otras personas, tanto en la misma habitación como virtualmente.


Cuarto aprendizaje: Diseñemos mejor nuestras empresas

¿Por qué no pueden aplicarse los mismos principios que rigen el diseño de los buenos videojuegos al diseño de las tareas de mis hijos o a los puestos de trabajo en una empresa?

Muchas de las tareas que realizamos en nuestro día a día de trabajo no tienen por qué resultar desagradables y monótonas. Lo son porque las hemos diseñado así. ¿No podríamos rediseñar muchas de esas tareas, para que al menos no resulte un calvario llevarlas a cabo día tras día durante años?

Que los puestos de trabajo tengan una curva de aprendizaje constante es necesario, porque al igual que mis hijos, que se aburren cuando un juego ya no les presenta desafíos, un empleado pierde interés cuando el trabajo se convierte en una rutina. El problema es que mientras ellos pueden simplemente introducir otro juego en la consola, para muchos trabajadores no es tan fácil cambiar de trabajo. El resultado es que se pierde compromiso, se reduce la iniciativa y se comienza a trabajar bajo la regla del mínimo esfuerzo.

Por otro lado, ¿cuál es la razón para que la mayoría de las empresas brinden feedback respecto del desempeño solo una o dos veces al año, si es que lo brindan? Es perfectamente viable pensar en sistemas de retroalimentación y recompensa más inmediatos, en los que el refuerzo a la conducta alineada con los objetivos resultaría mucho más eficaz y transparente.

De igual forma, se puede concebir un modelo de trabajo en el que se brinde mayor libertad al momento de elegir las tareas a realizar, permitiendo orientarlas a las propias fortalezas. Posiblemente siempre habrá que cumplir un cierto número de tareas que resulten menos atractivas, pero bien puede darse el caso que haya alguien que prefiera realizarlas, o que incluso con la ayuda de la tecnología se puedan reducir, tercerizar o incluso eliminar.

Hoy en día muchos trabajadores, para no hablar de directivos, se pasan el día apretando tuercas como Chaplin en Tiempos Modernos, habiendo perdido de vista el impacto de su trabajo para el objetivo global. Muchos estudios demuestran cómo este fenómeno afecta de forma devastadora la motivación y el compromiso de esas personas con su trabajo. Igualmente, hay estudios que demuestran cómo la motivación y el compromiso aumentan cuando estos trabajadores no solo son conscientes del impacto positivo que tienen en los resultados de la empresa, sino también de su efecto en la sociedad y en el medio ambiente. A través de iniciativas de responsabilidad social que afecten las vidas de personas de forma significativa, todos los puestos de trabajo, incluso los más rutinarios pueden ser parte de algo épico.

Finalmente, a pesar de que en el papel los puestos de trabajo están pensados para permitir la interacción entre colegas de diferentes áreas y departamentos, la realidad en muchas empresas es que se forman feudos cada vez más impenetrables, llevando a ineficiencias, falta de comunicación y haciendo prácticamente imposible la innovación.

Corolario: Quizá debiéramos jugar más

Intente aprender a jugar un nuevo videojuego. No hace falta que tenga en casa una Playstation. Una simple búsqueda en Google “juegos gratis online” le va a dar suficientes resultados para empezar a elegir. Vaya probando varios hasta que encuentre uno que lo enganche, y luego analice qué tiene ese juego para haber logrado ‘atraparlo’, porque probablemente eso mismo sea lo que haga falta en su empresa.

La próxima vez que vea un niño jugando un videojuego, preste atención. Mire su rostro, la concentración que alcanza, la perseverancia con que intenta una y otra vez alcanzar al objetivo, la alegría de conseguirlo y cómo este lo prepara para el siguiente paso. ¿No le gustaría que en su empresa la gente trabajara así? La empresa no es un videojuego, en eso estamos todos de acuerdo. Pero creo que debería serlo.

Conclusión: Aprender de los que saben

El entorno competitivo obliga a nuestras empresas a enfrentar una verdadera transformación a través de la innovación, el empoderamiento de los equipos y la colaboración.

Si no somos capaces de bajar el centro de gravedad en nuestras organizaciones y fomentar que los equipos activen al máximo no solo su talento, sino también su entusiasmo, posiblemente muchas de nuestras organizaciones desaparecerán. La capacidad de innovar y transformar organizaciones a través de la colaboración puede ser lo que marque la diferencia que permita mantener e incluso crear cientos o miles de puestos de trabajo. ¡Y eso no es ningún juego de niños!

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