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La Próxima Revolución Industrial Será Verde

La Próxima Revolución Industrial Será Verde

Aunque han sido evidentes algunos esfuerzos por parte de los tres sectores para alcanzar un verdadero desarrollo sostenible y amigable con el medio ambiente, aún quedan muchos retos por superar; algunos de ellos surgidos a partir de presunciones discutibles del pasado cercano de la humanidad.

Fabio Novoa R., Director del Área de Dirección de Producción, Operaciones y Tecnología.

La gran revolución industrial de la segunda mitad del siglo XVIII, diezmó el gremio de los artesanos y dio origen a las grandes fábricas de producción; a partir de ese momento el mundo comenzó su proceso de urbanización, debido a las concentraciones de gente que generan las plantas manufactureras. Esta es la que llamaremos la primera revolución industrial, la que se fundamenta en las invenciones como el motor a vapor y un poco más tarde el florecimiento del ferrocarril.

Subsiguientemente de dieron otras revoluciones, como la de la productividad, misma que a comienzos del siglo XX, engendró los métodos científicos de trabajo que  mejoraron en forma notable los rendimientos. Es el periodo de Taylor y de la línea de ensamble de Henry Ford.

La tercera revolución es la digital, la que vivimos en este momento y la que nos llevó de los átomos a los bytes. La del internet, las redes sociales y la “e-economy”, que tanto cambiaron nuestra forma de relacionarnos y de hacer negocios. 

Estas tres revoluciones transformaron la vida, aumentaron el ingreso per-cápita de las gentes, elevaron la esperanza de vida al nacer y dieron inicio al mundo del capitalismo y del consumismo, como efecto de la gran cantidad de bienes y servicios que se ofrecieron en los diferentes mercados. Y si nos lo propusiéramos, todavía existiría un buen potencial de crecimiento aplicando estos modelos de desarrollo económico. 

Hasta aquí todo bien. El gran problema es que el proceso de crecimiento basado en las preceptos de la revolución industrial, genera enormes costos, que en el pasado pasaron ocultos, pero hoy, como consecuencia del torrencial desenvolvimiento los tiempos, se han vuelto cada vez más visibles y en pocos años, serán insostenibles. Estos son los costos ecológicos.

Con el paso del tiempo, la humanidad comprendió que la Era Industrial, funcionó sobre unas presunciones falsas o por lo menos discutibles. Analicemos algunas:

  1. Los seres humanos son la especie primordial sobre la tierra: Si, pero necesita de otras especies para crecer, convivir y sobrevivir.
  2. El crecimiento económico es la clave para reducir las desigualdades: Postulado obsoleto. Hoy manejamos la noción de costo integral, que entre otros, considera el costo ambiental, que normalmente afecta en mayor escala a las clases más pobres, incrementando los costos sociales
  3. La energía es infinita y barata: Probablemente lo fue hace poco más de un siglo, cuando sobraban petróleo y otros recursos energéticos. Ahora sabemos que la energía es cara, escasa y a veces, peligrosa de producir, como es el caso de la nuclear.
  4. Los humanos no son capaces de alterar el Medio Ambiente: Por eso se permitió el funcionamiento de las fábricas chimenea, la tala de bosques, los trabajos contaminantes en aguas marinas o en los polos. Al presente tenemos una infinidad de pruebas inequívocas, que señalan al hombre como el principal agente depredador de la naturaleza
  5. Los recursos básicos como el agua y el aire son ilimitados: A principio del siglo pasado se podría pensar de esa forma. En la segunda década del siglo XXI, es patente la gran escasez de agua que se presenta en muchas zonas del mundo y la inaguantable contaminación del aire que existe en casi todas sus grandes ciudades. Es cierto que tres cuartas partes de la superficie terrestre está cubierta de agua, pero menos del 1% es apta para sostener la vida humana
  6. Siempre habrá espacio para los desperdicios: Claro, es que los deshechos eran tan mal medidos y tan pequeños que ni se tenían en cuenta. Hoy los estudios científicos señalan que muchos de las basuras que se emiten a diario no pueden ser transformadas por la naturaleza. Por ejemplo: un simple chiche requiere de 5 años para descomponerse, una lata de cerveza de 10 a 100 años, unos zapatos deportivos 200 años, y una botella de vidrio 400 años. Y ni hablemos de otros productos como el poliestileno expandido, mejor conocido como icopor o los escombros nucleares que nunca se descomponen.

 

Estos supuestos industriales generaron consecuencias funestas en el mundo atestado de gente del siglo XXI. Veamos algunas, que hemos tomado de informes del banco Mundial:

 

  • En un solo año la humanidad consume la energía que la naturaleza tarda 1 millón de años en producir y para completar, este derroche es inequitativo pues un reducido 20% de la población se devora el 80% de la energía
  • Solo Estados Unidos gasta 100.000 millones de toneladas de materias primas/año. Más del 90%, es desperdicio, lo que equivale a una tonelada por persona al día
  • El 70% del sobrante industrial del mundo desarrollado se tira al suelo o al agua, en el mundo emergente esta cifra debe ser todavía mayor
  • Si las cinco naciones llamadas BRICS alcanzaran un estándar de vida similar al de países desarrollados, el consumo mundial de energía se multiplicaría por 11

 

Y esta situación seguirá empeorando, pues según la ONU, para 2050 la población mundial será mucho mayor que la actual, llegando a 9.000 millones, con el agravante que este incremento será mayor en las ciudades, lo que presionará el ensanchamiento de la clase media  nada menos que en 2.500 millones de personas adicionales, que demandarán más bienes y servicios. Y como el planeta es solo uno, el problema del suministro será mayúsculo, tanto que los cálculos más optimistas señalan que se requerirán alrededor de 25 globos terrestres para compensar el consumo de aquí al año 2050.

En conclusión, el sistema de crecimiento basado en los principios de la revolución industrial ya no es sostenible y la humanidad debe construir nuevos modelos de desarrollo que ofrezcan soluciones contundentes al daño que estamos infringiéndole a la naturaleza y a la biosfera

 

 

¿Por qué el modelo industrial hoy parece tan ineficiente?

 

La respuesta está en que nuestros antepasados configuraron un sistema incompleto, pues consideraban que se tomaban materias primas, se transformaban y se fabricaban productos finales. Un modelo elemental del estilo Input è Output. Pero los hechos han demostrado que el proceso es sustancialmente más complejo, porque no solo se toman recursos cosechados o extraídos, sino se utiliza también aire limpio, clima estable, suelo fértil y agua potable. Y se expulsa aire contaminado y se tiran deshechos a la tierra o al agua. Y para completar, el transporte de abastecimiento y distribución se apropia de vientos en el cielo y aguas en el mar para cumplir su trabajo logístico.

Los servicios que prestan la tierra y la biosfera como el calor del sol, el agua de los océanos, el aire de la atmósfera y la luz del día son esencialmente gratis. ¿O a alguno de ustedes, algún mes  le ha llegado a su casa o empresa la cuenta del sol? Por eso el costo de su utilización no aparece en los balances de las empresas y el mundo es inconsciente cuando los está utilizando o malgastando.

De que otra forma nos explicamos que se dilapiden hasta 2.900 litros de agua para producir una camiseta tipo “T-shirt”. O que un kilo de carne gaste 16 metros cúbicos del preciado líquido en toda su cadena de abastecimiento. Continuamos manufacturando vehículos automotores contaminantes y las fábricas siguen viciando el aire con sus chimeneas incandescentes. La gestión logística también participa en esta feria del agotamiento y la contaminación: la globalización de la producción ha hecho que un computador portátil se ensamble con componentes fabricados en China, Costa Rica, Australia, Estados Unidos, se termine en Irlanda, España o Canadá y se venda en todo el mundo. Una estimación muy corta dice que las partes de un computador han recorrido más de 20.000 kilómetros antes de que llegue a su casa. Claro como en el mar no hay peajes, ni se cobra por la utilización de los vientos, los gerentes han aprovechado.

Lo lamentable es que asumimos que somos ajenos al problema. Parece que viviéramos dentro de una burbuja, inconscientes de lo que está sucediendo allá afuera. Pero lo cierto es que si esta situación perdura, la burbuja se va a reventar, como consecuencia del calentamiento global, el aumento de los deshechos, los gases efecto invernadero, el agotamiento de los recursos naturales y los mismos desastres naturales. No hay duda, tenemos que resolver cuanto antes las tensiones e inconsistencias entre la vida en la burbuja y la realidad externa, si es que queremos conservar el hogar en donde vivimos.

 

 

Medir para Mejorar: Las Huellas de Agua y de Carbono

 

Los gobiernos y empresarios han empezado a trabajar en el asunto y una de sus primeras tareas fue tratar de medir los efectos de la contaminación. En el presente manejamos algunos indicadores como el conjunto de huellas, entre las cuales, sobresalen dos: agua y carbono.

La huella del agua es un indicador multidimensional empírico, que indica “donde”, “cuándo” y “cuanto” volumen de agua consume y contamina la producción de un bien o servicio, medido en toda su cadena de suministro. Como efecto de estas medidas, conocemos que una tasa de café consume 140 de litros de agua y kilo de sal puede gastar 2.500 litros en toda su cadena de valor. Y también conocemos que la agricultura es el sector de la economía que más demanda agua con el 63% de todo el consumo. La Industria y energía el 25% y los trabajos domésticos el 12%.

Y cuando este consumo se examina a nivel país, los datos se ven más sombríos. Estados Unidos demanda cerca de 2.500 metros cúbicos per cápita al año, España 2.325 y China apenas 700. ¿Qué pasará cuando el gigante asiático alcance el mismo consumo del país americano o de los europeos?

La otra huella es la del carbono, definida como la cantidad de gases de efecto invernadero arrojados a la atmósfera como consecuencia de la producción o consumo de bienes y servicios. Para establecer esta huella, se toma el ciclo de vida completo del producto o servicio, incluyendo la elaboración de materias primas y el destino final del producto y sus embalajes. Habitualmente, se definen dos tipos de huella de carbono: corporativa y de producto.

Recordemos que los gases de efecto invernadero, o GEI, son los que atrapan el calor en la atmósfera y contribuyen a mantener la temperatura de la Tierra. Si esos gases aumentan más de lo deseado, presionan el calentamiento global del planeta. Como ya se conoce, la era industrial ha rebasado infinitamente la emisión de este tipo de gases. Más del 90% de los GEI que se generan en la tierra están conformados por dióxido de carbono (82%), producido por la quema de combustible y algunos procesos químicos y el gas metano (9%), generado por la descomposición de la basura y los procesos agrarios como la ganadería.

Existen varios problemas en la medición y la generación de los GEI, pero es necesario destacar dos primordiales:

Las técnicas de medición aún son muy imprecisas. Un ejemplo: Hace unos meses un directivo de una empresa de bebidas carbonatadas me contó la discusión entre unos fabricantes de botellas de 330 cc. El de la botella Pet, afirmaba que su botella solo emitía 93,3 gramos, mientras el vidrio era responsable de 166,8 gramos. Por su parte el fabricante de vidrio señalaba que su botella apenas arrojaba 110 gramos de carbono, mientras que la de Pet producía 152 gramos en toda la cadena. Existen algunas entidades neutrales haciendo este trabajo, pero todavía hay camino por recorrer 

El otro problema es la contaminación dispar que existe entre los diferentes países. El banco Mundial estima que las emisiones per cápita del planeta alcanzan 5 toneladas métricas año. Pero mientras Estados Unidos registra 17,6 China, que viene subiendo vertiginosamente, ya se sitúa en 6,2. Bueno, no es necesario cavilar demasiado, para entender lo que se nos puede venir en el futuro. 

Países y empresarios han tratado de buscar soluciones y para ello han tomado medidas, pero aún son insuficientes y el notorio deterioro de las condiciones ambientales nos está tomando mucha ventaja.

  

La respuesta empresarial

 

Seríamos injustos al no reconocer las actividades ambientales que muchas compañías han desarrollado en el siglo XXI. Varias empresas trabajan con proveedores, distribuidores y en general con toda la cadena de suministro, para ser más sostenibles.

Sería extenso describir los esfuerzos más significativos que realizan las empresas, pero a manera de ilustración, vamos a referirnos principalmente a la gestión de tres organizaciones, que se destacan a nivel universal y que son casos de estudio en las mejores Escuelas de Negocios:

 

McDonald´s: En los años 80’s era el blanco preferido de los grupos ambientalistas, por su política de “usar y tirar” que la convirtió en uno de los mayores productores de basura del mundo. Hoy se ha trasfigurado en una empresa líder en creación de valor ambiental. A finales del siglo pasado, McDonald’s entendió tres principios substanciales: 1. El negocio ya no es sostenible. 2.La ecología es rentable 3. La sostenibilidad es una valiosa herramienta para dirigir la empresa.

 

En la actualidad, las iniciativas ambientales de McDonald’s son de diversa índole y van desde la mejora de sus menús, disminuyendo platos de “comida chatarra” y reemplazándolos por frutas y verduras hasta la compra de carne sustentable, proceso mediante el cual certifican que sus productos vacunos provienen de proveedores que respetan las leyes ecológicas y que evitan el sobrepastoreo, que tanto daño causa al medio ambiente por sus emisiones de metano. Además son muy reconocidos sus programas de reciclaje de papel, plástico y cartón y la apetura masiva de sus restaurantes ecológicos.

McDonald’s calculó en 2013 el impacto ecológico de sus acciones empresariales y concluyó que más del 70% de su huella de carbono y de agua provenía de sus cadenas de suministro y desde entonces, incluyó una evaluación clave a sus proveedores y distribuidores, que son 4 variables ambientales: consumo de energía, emisiones de aire, uso de agua y producción de desechos sólidos, utilizando un verdadero “ecology scorecard” que es ejemplo en muchas industrias

 

Wal-Mart: Este gigante del “retail” es una empresa intensiva en sistemas logísticos, medios de transporte y utilización de empaques. Maneja cientos, tal vez miles de cadenas de suministro en los más diversos sectores: alimentos, textiles, joyas, electrónica, químicos, madera, papel, metales, etc. Su gestión ambiental se enfoca en los siguientes campos: eficiencia energética, reducción de consumo de agua, eliminación de las emisiones de CO2, venta de productos amigables con la tierra y reciclaje de desperdicios.

 

Todos sabemos que ser abastecedor de esta compañía no es cosa fácil, pero cada vez más las dificultades se deben a los controles ambientales que Wal-Mart aplica periódicamente. A cada uno de sus proveedores les ofrece asesoría constante en temas ecológicos, pero los mide con regularidad. A continuación, un pequeño extracto del cuestionario que deben responder cada año:

¿Cuánto marcan sus emisiones de GEI según el reporte más reciente? ¿Cuáles son los objetivos en la emisión de estos gases para el final de año? ¿Su compañía ofrece una logística de retorno a sus clientes, para que puedan devolver los productos ya usados? ¿Como usted los recicla o reutiliza? ¿Que % de componentes reciclados incorpora su producto? ¿Todos los componentes de su productos están claramente marcados, para facilitar el desensamble? ¿Qué % de materias primas recicladas contiene el empaque? ¿Cuál es el % de energía consumida por su compañía proveniente de estas fuentes no convencionales como la solar o la eólica? Y sus proveedores?

Unas preguntas interesantes y complejas, que no sé cuantas de nuestras empresas puedan contestar positivamente, pero en lo que es necesario estar de acuerdo es que deberíamos incorpóralas en nuestros procesos de selección, desarrollo y evaluación de proveedores.

 

Coca Cola: Es uno de los grandes consumidores de agua del universo. Para la producción de un litro del popular líquido, se requieren más de 400 litros de agua en toda su cadena de suministro. En el año 2004, la compañía se propuso reducir su consumo de agua en 20%. El proceso arrojó valiosos resultados, no solo en reducción del uso sino en el aumento de las utilidades. Convencida que la sustentabilidad es rentable, ahora Coca Cola Co tiene una nueva meta a cumplir en 2020: Lograr una huella hídrica neutra. Esto significa devolver al planeta toda el agua que consume en su producción. El proceso central para alcanzar su objetivo es conservar y mejorar la salud de las cuencas hídricas y en consecuencia diseñó planes de protección de los manantiales, que identifican y abordan los problemas y riesgos locales del agua en cada una de sus plantas. Hoy desarrolla por si misma, o en conjunto con socios externos, unos 400 proyectos en casi 90 países de los cinco continentes.

Su estrategia de: reducir, reciclar y reabastecer, ha sido una de las más exitosas en toda la historia de la organización, que ha repuesto miles de millones de litros de agua a la naturaleza y unos cuantos paquetes de dólares a sus accionistas.

Y como estas tres organizaciones existen compañías como: Nestlé, Dow, GE, Dupont, Ikea, Nike, Herman Miller y muchas más, que trabajan con éxito y rentabilidad en estos asuntos ambientales. Su secreto, utilizar la creatividad y la innovación para hacer que las circunstancias se den a favor de su gestión.

 

La Revolución verde

 

La revolución industrial diseñó un sistema de operación basado en las condiciones que existían en el mundo en las postrimerías del siglo XVIII: mucha tierra, abundancia de recursos ambientales y naturales y poca mano de obra. Entonces sus modelos económicos y tributarios se estructuraron para gravar el uso del recurso escaso, la mano de obra, y poca tributación por el uso de la tierra y ninguna a la utilización de los recursos ambientales. Hoy las insuficiencias se presentan la naturaleza y en el medio ambiente. Entonces, es necesario cambiar los modelos económicos y tributarios para ser consecuente con las nuevas condiciones. ¿Un precio por la utilización de los recursos ambientales? ¿Penalizaciones por la contaminación del aire, tierra o agua? No solo reportes económicos para gravar a las empresas, sino declaraciones ambientales, como la obligación de informar sobre las huella de agua y de carbono? Bueno, por lo menos en principio podríamos trabajar de esta forma con nuestras juntas y consejos directivos, antes de que los gobiernos tomen el asunto en sus manos y nos obliguen a hacer cosas que estén en contraposición con la buena gestión empresarial.

Todas las eras y épocas históricas tienen su ocaso: el paleolítico, el neolítico, la edad de los metales, el renacimiento. Ya la edad industrial está llegando a su fin, para dar paso a la era verde, que debe tener como fin primordial conservar el progreso integral de las organizaciones. No solo debe contar lo económico, sino también lo ambiental y lo social. A los gerentes no solo se les va a premiar por las utilidades producidas sino por su desenvolvimiento integral. Y probablemente, así se diseñarán las políticas industriales y económicas de los países.

No es preciso oponerse a esta nueva forma de establecer y desarrollar los negocios, muchos ejemplos corporativos junto con la gestión descrita de nuestras tres empresas, demuestran que es rentable asumir los compromisos ambientales y que cuando la innovación y la responsabilidad se unen, los empresarios hacen verdaderas maravillas.

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