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La Virtud del Líder Ante los Escándalos y Fraudes Corporativos

La Virtud del Líder Ante los Escándalos y Fraudes Corporativos

Los fraudes corporativos y la reciente crisis financiera mundial han obligado a empresarios, intelectuales y académicos a cuestionar los supuestos económicos y las teorías de la dirección de empresa. además de los cuestionamientos, el líder debe tener a la virtud como premisa fundamental en la consolidación de valores en contra de todo tipo de corrupción.

Antonio Casanueva, Master en Dirección de Empresas-MBA, IPADE Business School

Recientemente, en el programa de Continuidad del INALDE, analizamos una serie de casos de fraudes en empresas de distintos tamaños. En la mayoría de los casos, quienes planearon y ejecutaron estas estafas, eran personas carismáticas, sumamente inteligentes, algunos egresados de las mejores universidades del mundo y de prestigiadas escuelas de negocio. Los defraudadores podrían representar el paradigma del líder de la sociedad contemporánea. Por ejemplo, Paul A. Allaire, presidente y director general de Xerox de 1991 al 2001, fue considerado uno de los ejecutivos más admirados y exitosos a finales del siglo XX. Incluso, al retirarse de Xerox —y a pesar de las sospechas que había sobre sus manejos financieros— su prestigio era tal que GlaxoSmithKline lo nombró presidente de su comité de remuneraciones. Un par de años después, la U.S. Securities and Exchange Commission (SEC) lo destituyó de su cargo y le prohibió volver a trabajar en cualquier compañía pública, además lo multó con 8.6 millones de dólares por haber participado en un esquema que operó como un fraude y un engaño a los accionistas de Xerox y a los inversionistas de los mercados norteamericanos. 

Anécdotas como la de Allaire nos obligan a cuestionar: ¿quiénes deben encabezar las organizaciones? ¿Quiénes son los líderes que merecen ser seguidos? 

En la historia del pensamiento humano hay autores que, después de cientos de años, permanecen vigentes. Aristóteles es, sin duda, uno de ellos. Adentrarse en textos como la Ética Nicomaquea o la Política es una experiencia sorprendente, porque parece que el filósofo hace referencia explícita a debates contemporáneos de la agenda política, social y económica. Aunque el estagirita haya vivido hace casi 2500 años, la riqueza de su pensamiento es tal que, hoy más que nunca, es necesario que la práctica empresarial retome sus enseñanzas. 

En la Política, Aristóteles asevera que es noble seguir y justo obedecer a quien sea superior en virtud y tenga la capacidad para realizar mejores acciones que los otros miembros del grupo. El filósofo griego agrega que el líder debe poseer no sólo virtud sino prudencia, es decir, tener capacidad de acción[1].  Aristóteles toma una postura muy clara respecto a las características del deber ser del líder. El primer aspecto importante es que excluye la cantidad de poder o de bienes materiales que una persona pueda poseer. Y es que el poder y los bienes “en cantidad” se pueden obtener por medios ilegales o inmorales, como el fraude, mas no a través de la virtud. 

En los últimos años se han perpetrado algunas de las estafas más escandalosas de la historia. En la Tabla 1 presentamos los diez casos más grandes de bancarrota. De ellos, se recuerda el mítico caso de Enron en el que las cabezas de la empresa, a través de una muy compleja red de transacciones contables y financieras, lograron engañar a los inversionistas, al simular rendimientos que no existían. En Colombia, KPMG estima que 6.5 de cada 10 empresas padecieron cuando menos un fraude en el 2013. El costo estimado por fraudes en el 2013 en Colombia fue de $3,600 millones de dólares y el 70% de dichos fraudes lo realizaron los empleados de la propia compañía[2].

No es coincidencia que estos engaños se hayan fraguado en nuestra época, porque el capitalismo moderno compele a las empresas a alcanzar y sostener el éxito de corto plazo en un contexto de competencia global, y los directores empresariales se ven presionados a informar cuentas positivas a los accionistas. Los buenos resultados cuantitativos son primordiales para el bienestar de las empresas. Pero esta dinámica puede “incentivar” prácticas directivas inmorales que aceleren —o en el peor de los casos simulen— la generación de ganancias financieras y éxito de las empresas.

 

Tabla 1

Los 10 casos más grandes de bancarrota en los Estados Unidos

(actualizado a junio 2009)

Empresa

Activos totales previo a la bancarrota

Fecha de la bancarrota

Lehman Brothers Holdings

$691,000,000,000

15 septiembre 2008

Washington Mutual

$327,900,000,000

26 septiembre 2008

WorldCom. Inc.

$103,914,000,000

21 julio 2002

General Motors

$91,000,000,000

1 Junio 2009

Enron Corp.

$63,392,000,000

2 diciembre 2001

Conseco, Inc.

$61,392,000,000

18 diciembre 2002

Chrysler

$39,000,000,000

30 abril 2009

Thornburg Mortgage

$36,500,000,000

1 enero 2009

Pacific Gas and Electric

$36,000,000,000

6 abril 2001

Texaco, Inc.

$35,892,000,000

12 abril 1987

 

Fuente: http://www.bankruptcylawfirms.com/Largest-Bankruptcies.cfm consultado 8 de diciembre 2013.

 

Por lo tanto se requiere replantear la naturaleza y misión del líder empresarial desde una perspectiva aristotélica. En otras palabras, es necesario volver a situar la virtud como el centro de la práctica directoral.

La virtud consiste en actuar de acuerdo al término medio o la moderación. Pero, en primera instancia, la norma “término medio” es demasiado problemática como para utilizarla en el mundo de los negocios. En primer lugar, en el ámbito empresarial constantemente se enfatiza el hecho de que el éxito se alcanza asumiendo riesgos, que el mundo evoluciona día a día y que las personas deben mantenerse a la par de esta evolución para incursionar en los negocios. Entonces, ¿tiene sentido actuar con moderación en un mundo que requiere una alta capacidad de innovación, adaptación y creatividad? Y la segunda dificultad es que la moderación parece ser una norma bastante relativista. Para ilustrar un poco más esta dificultad, podemos hacer la siguiente comparación: en los diez mandamientos de Moisés encontramos límites muy concretos de acción como “no matarás”. Este enunciado hace referencia a una acción muy clara y específica que debe ser evitada. Pero “actuar con moderación” parece ser un enunciado que no hace referencia a nada en concreto, y por eso puede percibirse como relativista. ¿Quién determina el punto medio? ¿A partir de qué parámetro se alcanza la moderación? 

Aristóteles explica que los vicios se encuentran en pares opuestos. Por ejemplo, si hablamos de miedo y confianza, puede haber vicio por temeridad o por cobardía. Justo en medio de estos dos vicios —por exceso y por defecto— se encuentra la virtud. Para seguir con el ejemplo, la virtud de la valentía se encuentra justo en medio de la temeridad (exceso) y la cobardía (defecto). Pero la valentía, que constituye el término medio en nuestro caso, no debe ser practicada “con moderación”, sino que una persona debe ser tan valiente como le sea posible. Es decir, la regla del término medio sólo sirve para encontrar la virtud en medio de los vicios, pero una vez que la encontramos, debemos practicarla sin límites ni moderación. Tienen razón quienes dicen que para tener éxito en los negocios necesitamos asumir riesgos e innovar: los negocios requieren toda la valentía que sea posible, el cobarde casi nunca encontrará el éxito, pero tampoco el temerario que se arriesga innecesariamente.

Aristóteles plantea una noción formal de la virtud, no una noción con contenido. Únicamente nos dice la forma que debe tener el acto virtuoso; pero es ahí donde está la fortaleza de su criterio, porque la virtud no se alcanza a través de recetas preestablecidas. El buen director no es aquel que sigue una serie de instrucciones, sino aquel que actúa mejor de acuerdo a la circunstancia específica que se le presenta; aunque a veces eso signifique actuar en contra de las “recetas” establecidas.  En la Tabla 2 se ilustran el punto medio de virtudes morales aristotélicas.

 

Tabla 2

Virtudes Morales Aristotélicas

Área de acción

Vicio por defecto

Virtud —punto medio—

Vicio por exceso

Miedo y confianza

Cobardía

Valentía

Temeridad o imprudencia

Placer y dolor

Insensibilidad

Autocontrol o dominio de sí mismo

Auto indulgencia

Bienes materiales

Tacañería

Generosidad

Despilfarro

Gastos

Mezquindad

Magnificencia

Vulgaridad

Merecimiento

Pequeñez

Magnanimidad

Vanidad

Enojo

Apatía

Docilidad

Mal genio

Interrelaciones

Mal humor

Amabilidad

Servilismo

Honestidad

Auto desprecio

Veracidad

Ostentación

Vergüenza

Desvergüenza

Modestia

Timidez

Adaptado de Mintz, S. M. 1996. Aristotelian virtue and business ethics education. Journal of Business Ethics.


Es interesante de Lynn Magnum, gerente de una división Automatic Data Processing (ADP)[3], que decide recomendar a la Alta Gerencia del corporativo vender la unidad de negocio Servicios Electrónicos Financieros Inc. (SFE) que ella mismo dirigía. A pesar de que SFE estaba posicionada como una de las mejores compañías de servicios de transacciones electrónicas en Estados Unidos y mantenía una posición financiera rentable, Magnum percibió que, en el futuro cercano, las alianzas entre los bancos, las redes de supermercados regionales y el crecimiento de la competencia pondrían en riesgo la rentabilidad del negocio. Además, anticipó que SFE no cumpliría con algunos puntos específicos que ADP marcaba como claves en la estrategia de sus unidades de negocio. Recomendó vender SFE a pasar de estar consciente que ponía en riesgo no sólo sus propios incentivos económicos, sino el futuro de su carrera profesional. Magnum actuó con moderación y prudencia para percibir el contexto en el que se encontraba su negocio, para ser realista y darse cuenta de que el futuro presentaba riesgos y condiciones contratarías a la estrategia de ADP y que, por lo tanto, lo mejor era deshacerse de la empresa en ese momento en que presentaba una atractiva salud financiera. Imprudente hubiera sido quedarse en un negocio que generara ganancias en el corto plazo, pero que en el futuro se alejaría de los parámetros establecidos por ADP. También actuó con valentía porque se atrevió a poner en riesgo su beneficio personal —el bono— y profesional, anteponiendo lo que era mejor para la organización. Es decir, su valentía lo llevó a no usar los beneficios económicos personales como criterio de decisión. Aristóteles diría de Lynn Magnum que “es noble seguirle y justo obedecerle”.    

Por el contrario, en los mencionados escándalos corporativos podemos encontrar muchos ejemplos en los que los altos directivos no actuaron de acuerdo con la definición aristotélica de virtud. El primer aspecto deplorable: dejarse llevar por elementos meramente cuantitativos. Los directores de estas organizaciones también desvirtuaron la valentía necesaria para la práctica de los negocios y la convirtieron en la más insensata temeridad. 

A pesar de que Aristóteles vivió hace milenios, sus enseñanzas adquieren vigencia en el contexto actual; un contexto en el que la pujanza y la potencia del mundo empresarial hacen que cada vez sea más fácil perder de vista las verdaderas virtudes que un director debe desarrollar. Los bienes económicos en cantidad son fundamentales para mantener la sanidad de las empresas, los conceptos de Aristóteles y su aplicación en los casos que acabamos de mencionar muestran que la virtud debe anteceder a los beneficios financieros. El éxito económico y la cantidad de bienes deben ser consecuencia de la virtud, pero bajo ninguna circunstancia la virtud debe medirse en términos cuantitativos o financieros. El buen director es el que posee la virtud.

 

 


[1] Aristóteles. Política. Gredos. Madrid; 2008. p .408. 1325b 6-7.

[2] Encuesta de Fraude en Colombia 2013 de KPMG, publicada por KPMG Advisory Services Ltda en https://www.kpmg.com/CO/es/IssuesAndInsights/ArticlesPublications/Documents/Encuesta%20de%20Fraude%20en%20Colombia%202013.pdf.

[3] Simons, R. “Automatic Data Processing: The EFS Decision”. HBS Case No. 190-059. 

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