Miedo vs pánico

Miedo vs pánico

04/03/2026

Gustavo Mas
PADE de INALDE

El miedo es una de las emociones primarias del ser humano. Nos acompaña todo el tiempo, de forma consciente o no. Genera la duda que, en ocasiones, inhabilita movimientos positivos, el aprendizaje y la mejora. Podríamos decir también, que actúa como una red de seguridad que impide que asumamos peligros y sus consecuentes resultados no deseados. Capitalizarlo supone reconocerlo e identificar las causas que subyacen. Buscar o desarrollar la confianza, actúa como el mejor antídoto. El pánico es una sensación más extrema que, en general nos inmoviliza, nos bloquea, nos ciega.

Inclusive suele presentar síntomas más intensos con consecuencias en nuestra salud. También es posible sostener que una situación de miedo derive en una de pánico por su agravamiento o, simplemente por no encontrar una salida a un problema que va aumentando sus consecuencias, conduciendo a la desesperación. La invitación de esta décima entrega de la serie Distinciones es profundizar en las diferencias que anidan en estos dos conceptos con la ambición de facilitar la búsqueda de las respuestas en nosotros mismos o agilizar un pedido oportuno de ayuda profesional.

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Sombras y brillos cegadores

Hablar del miedo nos adentra en un terreno escabroso. Si las emociones fueran colores que dan matices a nuestras vidas, el miedo sería un gris, más o menos oscuro, algo así como una sombra. Si pudiéramos observarnos desde fuera en una situación que nos genera temor, ¿Qué veríamos? Es posible que el miedo, en primera instancia, produzca inseguridad. El miedo de no saber, de no controlar una situación y sus consecuencias, del acaso, o sea no tener ni siquiera una visión de los resultados posibles, de las implicaciones de una situación o de una acción determinada, son espacios comunes.

No resuelta esa inseguridad, nos lleva a buscar la autoprotección, conducta que podría conducir a aislarse, a no compartir con otros para no mostrar debilidad, configurando un encerramiento nocivo donde, figurativamente, el oxígeno se va agotando, produciendo agobio. Ese aislamiento puede agravarse con el alejamiento de la persona o de la situación que produce el temor, dejando todo como está y los problemas sin solucionar, en la procura de un ambiente que dé amparo y protección. El pánico, en cambio, tiene otra energía y, por ende, causa mayor impacto. En la paleta de colores, matizando el momento, serían destellos más brillantes, cegadores, inmovilizadores. Si el miedo condujera al silencio, probablemente el pánico sería un grito.

Muchas veces rendidos,quedamos quietos esperando lo peor. El reflejo en la corporalidad es de tal magnitud que podría causar disrupciones severas. El pánico es una emoción extrema. Si seguimos la lógica de los colores, desplazarse hacia situaciones más blancas de paz, verdes de esperanza o azules de seguridad, sería lo ansiado, pero ¿Cómo lograrlo? Aminora la velocidad, detiene la marcha. Busca un lugar seguro para analizar riesgos y oportunidades. ¿Existe algún peligro inminente del cual protegerte? ¿Alguien podría colaborarte? ¿Un profesional de la salud mental sería una opción? Encuentra en tu vida situaciones análogas para identificar binomios de acciones-resultados que pudieras aplicar. Esfuérzate en distinguir un miedo-motor, que te moviliza y te motiva a perseguir un cambio o una transformación, de un pánico-ancla que te atrapa y te retiene, limitando tus posibilidades y poniéndote en riesgo.

Un pánico que abruma. Un medio que alerta

Un simple paseo por los sinónimos del pánico nos trae imágenes de situaciones extremas. Horror, terror, espanto, son palabras que nos gustaría eliminar de nuestro diccionario personal. Hace varios años, tuve la fortuna de conocer a Nando Parrado en Montevideo. Nando es uno de los sobrevivientes de la tragedia de Los Andes. Integraba un equipo de jóvenes rugbiers uruguayos cuyo avión se estrelló en la Cordillera de Los Andes. Sus historias de supervivencia, a lo largo de los más de 70 días previos a su rescate, son mundialmente conocidas.

Quizás lo que más me impresionó de su relato, fue la referencia a la frase de San Francisco de Asís “Comienza haciendo lo necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible”. Es como un llamado a dividir un evento crítico en partes. A ir encarando los problemas uno a uno hasta solucionarlos. Con paciencia, con tenacidad, con constancia. Entendiendo que, en cada paso, esforzado, tal vez doloroso, se toma el impulso para dar el siguiente.

El mirar hacia atrás y apreciar las huellas que has dejado en el camino, comienza a generar algo de satisfacción y, de a poco, vas apartando el brillo que no deja ver, con un actuar cinético que promueve continuar hasta alcanzar la salida. Inclusive el desasosiego puede subsistir, pero ya no será un pánico abrumador. Es como poder asignarle un espacio en el que conviva con nosotros. Lo visitamos, pero no nos apabulla. Comenzamos a tener anécdotas que compartir, historias de superación y logros, a priori, impensados. El miedo, por su lado, genera un estado de alerta.

Conduce a disponer la atención con todos los sentidos lo cual, en cierta forma, ayuda a enfrentar los peligros. El proyecto que presentamos con ansiedad y fue finalmente aprobado, la posición a la que nos postulamos ambiciosamente y acabamos de asumir, una conversación difícil, superada,un olvido, un error, los desafíos que nos sacan de la zona de confort. El avance, se emparenta con el dominio del miedo y sus efectos, con una sensación de fortaleza que se va adquiriendo con el tiempo y las experiencias, propias y ajenas, que forman un acervo de sabiduría propio del ser humano, su capacidad de aprendizaje y evolución. Poner el miedo de tu lado te fortalece, pero observa los límites que una vez traspasados podrían exponerte a las amenazas y a las contingencias de la temeridad.

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Resignificar

Si esencia de la vida y de las relaciones personales se emparenta con la búsqueda de sentido, de realización personal y profesional, de alcanzar logros y superar metas desafiantes, la resignificación podría ser una estrategia valiosa. Entendiendo resignificar como revisar el significado que le damos a las cosas, adaptarlo o cambiarlo, esta acción tiene el potencial de producir un aprendizaje inédito. La realidad admite miradas diversas y, su interpretación, está relacionada con las experiencias de cada persona, sus conocimientos e ignorancias, su set emocional, su tiempo vital en su propio entorno.

Esa interpretación de la que hablamos, la cual podría inclusive tener como objeto una situación del pasado, es la que aporta una herramienta fundamental a la resignificación. Faculta la exploración del significado de las cosas, las situaciones o las relaciones. Inclusive al contemplar el miedo y el pánico, desde esta óptica, puede aportar elementos diferenciales. Contar una historia de miedo, desde el movimiento que generó en ti, sería un ejemplo de resignificación. Narrar un momento de terror en tu vida desde los extremos que transitaste, el sufrimiento y la superación, lleva a la construcción de nuevos paradigmas.

La conexión con lo espiritual o lo religioso resulta frecuente. Caer en las profundidades nos trae sentimientos de pequeñez y fragilidad en los cuales el abrigo de las creencias puede otorgar refugio. Esa introspección solitaria o en un espacio compartido, podría conectarte con la energía que necesitas para seguir adelante. Rezar a tu Dios o hablar con alguien a quien respetes y asignes autoridad, sea un amigo o un profesional, en la búsqueda de auxilio y contención, son actos que habilitan el cambio de significado y abren las puertas para alcanzar la circulación que necesitas.

El poder hablarlo, es el inicio

Si puedes hablarlo ya has comenzado a evolucionar. Verbalizar las emociones tiene un poder sanador. No sucede por ventura. Demuestra que los mecanismos complejos del pensar, del elaborar ideas y pensamientos y de traducirlos en palabras, se han puesto enfuncionamiento y, aunque el cuerpo pueda todavía transparentar nerviosismo, temblor, y palpitaciones, poner en escena el problema, describirlo, aunque más no sea solo eso, sin respuestas, sin soluciones ni escenarios, es un gran comienzo. El hablar, además, tiene la potencialidad de cambiar la realidad, de transformarla.

Contrariamente a lo que establece el dicho popular “hechos y no palabras”, la palabra encierra una acción inherente en la que yace el poder de la transformación. Como acción, primero muestra que, si pudiste decirlo, lo has pensado y entonces podrías hacerlo. El desplazamiento del ser de cada uno comienza con el decir. Afirmaciones verdaderas y juicios fundados son facultativos, o sea, conceden poder.

Toma el valor de poner los miedos al frente en un intercambio. De pronto el otro tendrá lo que necesitas y podría ayudarte. Allí comienza a forjarse la autoconfianza que resulta clave. Modera el impulso de bloqueo que podría producir el pánico. Si las palabras no vienen recurre a una mirada, a tender una mano solicitando ayuda, a un gesto o a una expresión corporal que hable por ti en un momento de angustia. El hablar admite estas opciones para trasmitir un SOS vital en la búsqueda de un auxilio que empieza a tomar forma desde ti mismo.

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Es difícil, pero…

Nada de lo aquí planteando es sencillo de hacer. Tampoco la idea es simplificar la complejidad de estas emociones que encierran la potencialidad de tanto impacto negativo. No se puede vivir con un miedo permanente y mucho menos con un pánico avasallador y, aunque no resuelva en absoluto la situación, entender la diferencia entre ambos podría ser el inicio de un conjunto de posturas y acciones que te permita salir de la incomodidad que te quiebra. Si a tu mente han venido reflejados instantes de tu vida, de tus relaciones o de tus avatares profesionales en los cuales hayas vivenciado los dolores y las trabas aludidas, ya estás en el camino de alcanzar el entendimiento que podría liberarte y hacerte más fuerte para enfrentar con mayor determinación los mayores desafíos que tienes por delante.

¿Qué son las distinciones?

Distinguir es reconocer las diferencias que existen entre las cosas y los pensamientos. Es un acto, es una acción de percibir algo como particular y tratarlo, a partir de esa noción, como diferente. Es una postura que tiene que ver con descubrir, con iluminar, con llegar al fondo de una cuestión. Una profundización que habilita y un hallazgo que impulsa. Las distinciones marcan un punto de inflexión desde que las identificas. Desde ese momento y para siempre.

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