Un pánico que abruma. Un medio que alerta
Un simple paseo por los sinónimos del pánico nos trae imágenes de situaciones extremas. Horror, terror, espanto, son palabras que nos gustaría eliminar de nuestro diccionario personal. Hace varios años, tuve la fortuna de conocer a Nando Parrado en Montevideo. Nando es uno de los sobrevivientes de la tragedia de Los Andes. Integraba un equipo de jóvenes rugbiers uruguayos cuyo avión se estrelló en la Cordillera de Los Andes. Sus historias de supervivencia, a lo largo de los más de 70 días previos a su rescate, son mundialmente conocidas.
Quizás lo que más me impresionó de su relato, fue la referencia a la frase de San Francisco de Asís “Comienza haciendo lo necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible”. Es como un llamado a dividir un evento crítico en partes. A ir encarando los problemas uno a uno hasta solucionarlos. Con paciencia, con tenacidad, con constancia. Entendiendo que, en cada paso, esforzado, tal vez doloroso, se toma el impulso para dar el siguiente.
El mirar hacia atrás y apreciar las huellas que has dejado en el camino, comienza a generar algo de satisfacción y, de a poco, vas apartando el brillo que no deja ver, con un actuar cinético que promueve continuar hasta alcanzar la salida. Inclusive el desasosiego puede subsistir, pero ya no será un pánico abrumador. Es como poder asignarle un espacio en el que conviva con nosotros. Lo visitamos, pero no nos apabulla. Comenzamos a tener anécdotas que compartir, historias de superación y logros, a priori, impensados. El miedo, por su lado, genera un estado de alerta.
Conduce a disponer la atención con todos los sentidos lo cual, en cierta forma, ayuda a enfrentar los peligros. El proyecto que presentamos con ansiedad y fue finalmente aprobado, la posición a la que nos postulamos ambiciosamente y acabamos de asumir, una conversación difícil, superada,un olvido, un error, los desafíos que nos sacan de la zona de confort. El avance, se emparenta con el dominio del miedo y sus efectos, con una sensación de fortaleza que se va adquiriendo con el tiempo y las experiencias, propias y ajenas, que forman un acervo de sabiduría propio del ser humano, su capacidad de aprendizaje y evolución. Poner el miedo de tu lado te fortalece, pero observa los límites que una vez traspasados podrían exponerte a las amenazas y a las contingencias de la temeridad.
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