Volver a Nadar

25/03/2026

Gina Acosta
Executive MBA

Respiro en el único medio que conozco, rodeada de agua, sin hacer ningún esfuerzo para sobrevivir. De pronto, ya afuera, veo el agua como si fuera un desconocido. Miedo, ansiedad, frustración…¿por qué necesito aprender lo que instintivamente ya sabía hacer?...

En el vientre de nuestra madre nadar era innato e instintivo, pero con el tiempo algo pasa, es como si de repente olvidáramos la habilidad de nadar. Involución puede ser un buen término para etiquetar lo que al parecer ocurre.

Tan innato e instintivo como respirar y nadar, también lo es comunicar, sin embargo, aunque todos tenemos esta capacidad natural, lo cierto es que no todos comunicamos empáticamente ni sabemos cómo influenciar con nuestra voz. Aún así, una gran mayoría reconocemos su relevancia.

La comunicación e influencia social es una de las 5 habilidades top para el periodo 2025-2030, según el informe “Future of Jobs 2025” del Foro Económico Mundial, mientras que la comunicación asertiva se confirma como la más demandada, según el Global Talent trend 2025 de Linkedin. Ambos reportes señalan que a medida que la Inteligencia Artificial va ganando terreno en las tareas operativas, el valor de las habilidades "innatamente humanas" se dispara, destacando que es justo la comunicación empática la que permite gestionar la resistencia al cambio tecnológico.

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He visto de manera reiterada en el mundo corporativo un patrón común. Gerentes con altos niveles de ansiedad y estrés minutos antes de dictar una conferencia para un evento del sector o a portas de presentar en una reunión con todos los empleados, a niveles incluso más elevados que de cara a la reunión cíclica de ventas en la que deben dar cuenta de los resultados financieros.

¿Cómo se explica un mayor miedo frente a una habilidad blanda (soft skill) que a una habilidad dura (hard skill)?.  Si lo pensamos bien, tiene sentido. El conocimiento racional y el foco en resultados siempre han sido requisito sine qua non para quienes ostentan gerenciar y llevar el timón del barco organizacional, pero aquello de comunicar empáticamente e influenciar por mucho tiempo fue un ‘nice to have’ y no un ‘must’...Quizás por eso, para muchos, sigue siendo como intentar nadar en aguas desconocidas.

El llamado a influenciar hace que el ejecutor de resultados salga de su zona de confort. Ya no es suficiente ser un eficiente transmisor de mensajes para que las órdenes sean acatadas, se trata de conectar, movilizar personas, inspirar a otros y lograr atraer más que compradores, seguidores, que no solo compren una vez sino que sean leales a la marca.

Seguramente muchos coincidimos en que el efecto de pasar de transmisores a narradores en nuestra comunicación es exponencialmente mayor en términos de impacto, sin embargo, también podemos coincidir en que puede ser mucho más complejo.

Modular el tono, la postura, articular el mensaje, escoger qué palabras usar, cuáles no, saber a  dónde dirigir la mirada, es como estar bajo el agua aprendiendo a nadar, tratando de sincronizar al mismo tiempo respiración, piernas y brazos, para evitar ahogarnos en el océano de la desconexión.

Es justo ahí- entre la dicotomía de lo innato y lo complejo- en donde llega el storytelling o arte de contar historias a ayudarnos a desempolvar lo que siempre ha estado ahí: nuestra forma natural de nadar en la comunicación. Nos permite reconectar con lo instintivo y esencial, como cuando sabíamos nadar sin esfuerzo.

Si quieres ser recordado, cuenta historias. Según Harvard, las historias se recuerdan hasta 22 veces más que los datos aislados. Si quieres que tus audiencias en el mundo digital interactúen más contigo, cuenta historias. Según Forbes, las historias pueden aumentar la interacción de la audiencia hasta en un 300%.

La neurociencia, la antropología, la psicología fundamentan el poder de las historias con estudios y datos objetivos. Sin embargo, la realidad es que no necesitamos estadísticas para convencernos del poder de las historias, porque los seres humanos estamos diseñados para creer en ellas desde antes de saber contar. Según la teoría del animal narrador- (Homo fictus) -  contar historias es una necesidad innata y evolutiva  para dar sentido al caos, procesar emociones y conectar socialmente.

Contar historias es comunicarse empáticamente de manera natural y es la autopista más corta para influenciar. No sólo su poder es potente, su complejidad se vuelve pequeña cuando la redescubrimos y nos damos permiso de narrarlas en el entorno organizacional.

A la vez que soy creyente de todo lo ganado con la profesionalización de la comunicación corporativa, estoy convencida de que la técnica no supera lo auténtico y esencial sino que le pone orden y lo potencia. Entonces, ¿dónde encontrar esa habilidad innata?

No hay que ir muy lejos. Ahí está, siempre ha estado. Aunque varios autores coinciden en que estamos biológicamente programados para contar historias, la realidad es que la dimensión corporativa nunca fue la hoguera para sentarnos en torno a ella e inspirarnos.

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En algún momento se nos olvidó que las empresas son personas y que los stakeholders también lo son, que la conexión se da cuando encontramos ese lugar común y que de ahí siempre parte una buena historia. Cuando contamos una historia el cerebro del oyente se acopla al del narrador (neural coupling), liberando oxitocina, que es la hormona del vínculo social. ¡No es cuento, es conexión pura!

Curiosamente, los narradores salen a la luz cuando se acaba la jornada laboral. En las conversaciones en los aviones, las convenciones y en las actividades de team building, porque ahí se distensionan y abren más el espectro de lo personal, donde las emociones están más permitidas.

Los he conocido amantes del vino, apasionados por las motos, triatletas, y seguro salen al llegar a casa y hablar con su hijo de su día o al hablar recordando a sus padres que ya no están. Salen a la luz porque al hablar de sus pasiones y conectarse emocionalmente, mágicamente se activa lo innato y fluyen las historias.

El tono de voz sube y baja automáticamente, al ritmo de la historia. La mirada, las manos y el cuerpo acompañan la narración y el mensaje recae en palabras fluidas. Aparece la hoguera de manera natural, porque las historias justo tienen el poder de la sincronización entre el lenguaje verbal (lo que se dice), paraverbal (cómo suena) y el corporal (cómo habla nuestro cuerpo), así de manera natural.

Entonces quizás no estamos hablando de involución.¿ Qué tal si tanta evolución nos está gritando que volvamos a lo básico y retornemos a lo instintivo?. ¿Qué tal si lo que estamos viviendo es realmente una revolución y un grito por lo humano y lo auténtico?.

Todos, empleados, accionistas, clientes, socios, anhelamos escuchar una historia. Al final somos humanos buscando conectar con humanos, en medio de una IA que avanza tan rápido que a veces abruma.

El gran engaño corporativo - por suerte cada vez más revaluado- es que las historias son puro cuento y que no pueden vivir en las corporaciones. Tumbarlo es cuestión de tiempo, incluso los agnósticos nadaron en el vientre de su madre… así no lo recuerden.

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