Distinciones: Razones y excusas

Distinciones: Razones y excusas

27/01/2026

Gustavo Mas
PADE de INALDE

Los marcos y la evolución del desarrollo personal presentan pocas limitaciones. La finitud de la vida, la imposibilidad de cambiar el pasado y, desde lo físico, el impedimento de estar en dos lugares al mismo tiempo o alguna restricción biológica particular. Todo lo demás admite la hipótesis de cambio o de transformación. En ese tránsito, suele suceder que el principal obstáculo somos nosotros mismos.

Es importante reconocer que existen razones, motivos y hechos que inhiben el movimiento hacia lo que deseamos o necesitamos porque, de ese entendimiento, puede surgir con claridad aquello que es preciso intervenir. En este espacio, la línea que separa las razones de las excusas es muy delgada. La autolimitación, los juicios que acotan y las disculpas que admitimos, muchas veces elevan las barreras que existen o erigen otras virtuales o inexistentes.

La interpretación juega un papel destacado porque habilita a ver las cosas de una forma diferente, inclusive a reinterpretar lo pasado. El aprendizaje, a su vez, es una herramienta fundamental. Desde un actuar distinto, pasando por un balance emocional ajustado, hasta una revisión profunda de los valores, es dable mover las fronteras de las posibilidades.

Nuevos patrones de comportamiento están a la mano si descubres la coherencia entre un pensar, un sentir y un hacer renovados. Sobre estas cuestiones se plantean las reflexiones de esta novena entrega, con la intención de distinguir razones de excusas, de despejar horizontes y empoderarte en el proceso de las mejoras que ansías.

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Juicios maestros

Cabe comenzar esta plática con una indagación profunda e ineludible: ¿Cuáles son tus juicios maestros? Un juicio es una postura, una visión, tuya y propia. En el centro estás tú. La invitación es a tomar una hoja de papel y enunciarlos. Dos, tres, cuatro o alguno más. No muchos más. Es una llamada también a enunciar tus fundamentos. Parte de la esencia constitutiva de los juicios es su fundamentación, su sustento lógico. No están ni bien ni mal. Es tu libreto básico.

Te hacen único. En tus juicios maestros anidan las razones. Son las coordenadas de tu búsqueda de sentido, quizás la prospección más importante de todo ser humano. Pueden venir contigo desde niño o haberse incorporado en tu desarrollo personal. Pueden mantenerse inalterados en el tiempo o haber sufrido una adaptación con los años. Ahora da vuelta la hoja. Titula el ejercicio como tu acontecer, tu devenir. Para cada juicio maestro relaciona una frase en tiempo presente.

Es como una noción de tránsito, de un fluir dinámico que los juicios promueven, determinan. Observa los resultados. Juega a dar vuelta la hoja una u otra vez. Podrías inclusive encadenar con flechas los juicios con las posturas que ellos generan. Tus motivos habitan en este espacio. Elabora sobre tus insatisfacciones emergentes y las fronteras de lo que consideras inalcanzable. Pregúntate, en qué medida las dispensas que identificas se amparan en tus juicios maestros o si, por el contrario, adquieren la forma de una excusa o autojustificación. De esta forma se inicia el camino que propone esta distinción.

Patrones de comportamiento

Armado con tus juicios maestros y las posturas que configuran tu devenir, junto con el relacionamiento de estos elementos entre sí, los cuales constituyen tu flujo vital, el paso que te sugiero seguir es identificar patrones de comportamiento. Los patrones son normas o pautas que se repiten. Son pensamientos, sentimientos, acciones que se disparan casi como actos reflejos, como una dialéctica de acción-reacción. En cierta forma, pueden haberse transformado en hábitos. Hacen parte de ti, de la estela que dejas en tu caminar.

Si bien te dan coherencia y consistencia, dos factores claves de la efectividad de tu comportamiento, habilitan y restringen al mismo tiempo. En las respuestas a estímulos internos y externos que generan los patrones, suelen abrigarse las razones, pero también las excusas. Lo interesante de haber llegado a este punto, es que podrías comenzar a analizar qué combinación de juicios maestros y patrones generan bordes que cohíben o refrenan tus opciones e impactan, negativamente, en tus ambiciones o deseos.

Del ámbito de la reflexión al de la acción existe un trecho pero, este primer paso, luce trascendental. Observa los nuevos juicios que requieres. Enuncia frases con los nuevos modos que precisas. Finalmente, reconoce los flamantes patrones de comportamiento que podrían surgir. Aprecia esta evolución como un movimiento factible. Otorga entidad a esa comprensión. Da algunos pasos. Testea tus hipótesis. Supera las excusas con nuevas razones y fomenta un desplazamiento hacia la creación del futuro que deseas.

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Aprendizaje esencial

El camino de las excusas a las razones determina un salto. Este acontecer es el aprendizaje. Las enseñanzas que incorporas podrían ser superadoras. Encadenar nuevos juicios, razones y acciones es un ciclo virtuoso, un aprendizaje esencial. El cruce al acto, forjando nuevos patrones de comportamiento, es de un valor único. El ser que eres ingresa en una dimensión de transformación. Estarás dándole vida a un modelo de ejecución que podrías replicar cuando lo precises.

Del pensamiento al movimiento hay un paso. Luego, la acción consistente erige hábitos que, con el paso del tiempo, forjarán tu carácter e irán modificando tu ser. Incorporar cosas nuevas y repetirlas hace a la esencia del aprendizaje. Al tiempo que avanzas sumando nuevos patrones, probablemente dejes otros. Este fenómeno ha dado en llamarse “desaprender”. Es como un desprendimiento, un dejar atrás, como una mudanza que fomenta el crecimiento. Es como la contracara imprescindible de un aprendizaje sostenible. La elusión de las excusas admite ser superada con este proceder. Descargas y esquives pierden sustentación. Justificaciones y eximiciones caen por su propio peso y esto aliviana tu carga. Alcanzas una levedad preciada. Te elevas a otro nivel.

Este progreso interno tendrá su reflejo externo. Las validaciones de otros podrían reforzar y energizarte, sin embargo, no dejes influenciarte de más por las opiniones y juicios de otros. Confía en ti mismo. Concédete esa actitud. Las expectativas tienen un peso importante en este proceso. Pondéralas adecuadamente. Vincúlalas con referencias temporales, de corto y mediano plazo. Robustece el vínculo causa-efecto y renueva tus fuerzas con los avances, aunque sean insignificantes. Pequeñas ratificaciones y ajustes hacen parte del ciclo de mejora. Apunta datos relevantes y escribe historias memorables. Visibiliza el proceso que expone el progreso y sigue adelante.

El peso de la culpa

Quizás la emoción emergente que suele aparearse más frecuentemente a las excusas sea la culpa. Es una emoción poderosa que coarta. En cierta forma, alimenta las excusas. Como un mecanismo que en apariencia protege la autoestima o persigue evitar fracasos, produce, en realidad, el rebote elusivo de una evasión. Huir antes que enfrentar. Esquivar, declinar o rechazar antes que asumir o ambicionar. Las excusas suscitan una sensación de exculparse, de omitir, ocultar o reprimir la culpa, como una reacción que persigue evitar responsabilidades o comportamientos debidos. Puede ser tan fuerte el impacto, que a veces nos excusamos inconscientemente, de forma irracional, automática.

Nos mentimos a nosotros mismos y a otros en la búsqueda de resguardo. Sin embargo, la realidad y sus implicancias se mantienen inalteradas frente a nuestra sustracción. Desde las disculpas más someras como no tener tiempo o dinero hasta otras más profundas como no encontrar motivación o energía para vencer el desgano, la culpa es la sensación que alimenta condiciones defensivas con el propósito de protegernos de vulnerabilidades e inseguridades. Sugiero que te preguntes si realmente tienes el poder de producir el efecto que tu culpa te impone. Por ejemplo, destruir una relación personal, afectar negativamente tu imagen o condicionar comportamientos futuros.

Luego simula posicionarte sinceramente, asumiendo una postura seria y comprometida, ponderando adecuadamente tus juicios. ¿Observas alguna diferencia? ¿Emergen nuevas emociones? Activa tu sensibilidad para registrar sensaciones emergentes. Una amplitud hacia el orgullo y la satisfacción personal por tu posible contribución, la gratitud que surja por la invitación de otro a un hacer valioso o la paz que trae la aceptación de tus limitaciones, abre el camino a un nuevo balance emocional en el cual, las razones se anteponen a las excusas, relegan la culpa y disponen un nuevo mapa de coherencia en el cual el sentir, facilita el pensar y alivia el actuar.

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Gentil contigo mismo

En el viaje de lograr lo que ambicionas, de alcanzar los progresos que necesitas o las mejoras que ansías, las excusas podrían ser un obstáculo que se interponga con mayor o menor frecuencia. Comenzar por revisar tus juicios maestros y tus patrones de comportamiento es fundamental para abrirte a nuevos aprendizajes que faculten emociones positivas y te alejen de la culpa.

La propuesta de esta mirada es una llamada a ser gentil contigo mismo, a reconocerte limitado y poderoso al mismo tiempo, a encontrar razones luminosas y a liberarte de excusas que pesan de más. Concédete la reconfortante sensación de una evolución constante que otorga la chance de alcanzar tu mejor versión personal y profesional cada día.

¿Qué son las distinciones?

Distinguir es reconocer las diferencias que existen entre las cosas y los pensamientos. Es un acto, es una acción de percibir algo como particular y tratarlo, a partir de esa noción, como diferente.

Es una postura que tiene que ver con descubrir, con iluminar, con llegar al fondo de una cuestión. Una profundización que habilita y un hallazgo que impulsa. Las distinciones marcan un punto de inflexión desde que las identificas. Desde ese momento y para siempre.

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