Navegando en medio de la incertidumbre

Navegando en medio de la incertidumbre

06/04/2026

Carlos Francisco Restrepo Palacio
PDD de INALDE

Creo que enfrentar la incertidumbre, navegando en medio de ella, es parte natural de ser empresario, algo inherente a la gestión. Muchos hemos tenido que vivir la pérdida de un cliente clave, o la fuga de información estratégica, o la partida de un empleado destacado, o el rechazo de un inversionista deseado, una recesión económica, e incluso quiebras y cosas peores. Y hace apenas unos años, todos vivimos la pandemia del Covid 19.

Lo que pasa con las crisis es que representan peligro y están profundamente marcadas por la incertidumbre; en ocasiones se trata de un gran peligro, pues tienen la capacidad no solo de desestabilizar, sino de destruir. Así que existe la posibilidad de salir mal librado, o simplemente no salir de ello. En consecuencia, resulta natural que las evitemos, pues nadie quiere vivir circunstancias difíciles y mucho menos poner en riesgo lo que con tanto esfuerzo hemos construido y logrado.

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Pero al mismo tiempo de las crisis puede surgir la posibilidad de aprender y, en muchos casos, tales situaciones conllevan oportunidad, de hecho, podrían ser la clave para evolucionar, reinventarse y salir fortalecidos.  Quizás es por ello por lo que el ideograma chino que representa la palabra crisis está conformado a su vez por otros dos ideogramas: problema y oportunidad. La incertidumbre saca a flote todas nuestras posibilidades y nos hace evolucionar.

No obstante, tal vez uno de los efectos de las crisis más difíciles de afrontar es la incertidumbre, que es como la niebla, dificulta ver hacia adelante. No nos gusta esa sensación que la incertidumbre genera, nos saca de la zona de confort, nos mueve el piso y nos llena de dudas. Tal vez por ello la rechazamos y queremos evitarla.

Sin embargo, ¿por qué rechazar algo que nos hace estar más alertas y que nos impulsa a ser más creativos? ¿por qué temer a algo que nos hace explorar nuevos territorios, descubrir nuevos caminos, buscar alternativas, romper las barreras de nuestro conocimiento, ensayar nuevas ideas y superarnos a nosotros mismos?

Es en tiempos de incertidumbre cuando más fe deberíamos tener, en nosotros mismos, en nuestras capacidades, en nuestra voluntad de salir adelante y en lo grande de la vida, navegando incluso cuando no vemos con claridad el rumbo. Tal fe nos dará alas. Y si tenemos alas para volar, ¿qué importancia podría tener el que nos muevan el piso? ¿qué podría limitarnos? Solo el miedo de liberar todo nuestro potencial.

Deberíamos amar la incertidumbre en vez de rechazarla, pues es claramente uno de los mejores inventos de Dios, una realidad que, aunque desafiante, nos impulsa a crecer mientras vamos navegando en medio de ella.

Tal perspectiva filosófica sobre la incertidumbre es importante, más, puede no ser suficiente pues, es probable que en la práctica no sepamos cómo afrontarla. ¿Cómo hacerlo?

En tanto hemos dicho que la incertidumbre es como la niebla, quizás deberíamos aprender a navegar en medio de la oscuridad, como los marinos, navegando con atención y criterio aun cuando el camino no es del todo visible. Manfred Max Neef [1], diría que hay que derivar en estado de alerta. Yo a eso, le añadiría que además es necesario tener una clara visión de futuro a la cual aferrarnos.

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Pero claro, decirlo es más fácil que lograrlo, sobre todo cuando hay mucha presión encima. Más, hay que entender que ningún empresario logrará avanzar, navegando en la incertidumbre, a no ser que la persona en sí, más allá de su posición de liderazgo, esté dispuesta a desafiar sus certezas y logre superar sus propias dudas y temores.

Así que, antes de definir cómo sacar su organización adelante, el empresario debe encontrar en sí mismo la actitud adecuada, aquella que permitirá ver las cosas con mayor serenidad y más objetivamente, tomar mejores decisiones, más pausadamente y con mayor sabiduría, esa que le evitará caer en la desesperación o al menos le ayudará a superar tal desesperación y le permitirá ver el futuro con optimismo, incluso navegando en escenarios complejos.

Para encontrar dicha actitud, la clave radica en enfocarse en lo positivo, así parezca poco. O, evocando una famosa película de Will Smith, en encontrar aquella belleza inesperada que está ocultándose tras la situación, mientras seguimos navegando en medio de la incertidumbre.

En mi caso, cuando la incertidumbre llama a nuestra puerta, el encontrar la actitud apropiada me ha ayudado a pensar con serenidad y, en mi rol como empresario me ha llevado a hacer preguntas relevantes. ¿Qué cambios conlleva esta crisis para nuestra empresa? ¿Cómo debe evolucionar nuestra forma de relacionarnos y de trabajar? ¿Cómo deben cambiar nuestras metodologías o cómo podemos adaptarlas? ¿Cómo cambian las necesidades de nuestros clientes?

¿Qué nuevos espacios se están abriendo en el mercado? ¿Qué nuevos mercados se nos están presentando y podríamos explorar? ¿Cuáles de nuestras capacidades podrían ser más provechosas ahora? ¿Qué nuevos servicios podríamos ofrecer o qué cambios deberíamos hacer en la forma de prestar nuestros servicios? ¿Cómo reducimos costos sin afectar a nuestros colaboradores y sin afectar la calidad de nuestro trabajo? ¿Cuáles son los escenarios probables y cómo nos adaptamos a dichos escenarios? ¿Qué hacer si la crisis persiste?

Y por supuesto no nos quedamos en las preguntas, trabajamos intensamente en buscar las respuestas. Al hacerlo, abrimos la puerta a nuevas posibilidades, a abrazar nuevas tecnologías, a experimentar e innovar. Las crisis nos han llevado a mundos que nos eran desconocidos.

Este proceso también nos ha llevado a concluir que lo esencial no debe cambiar, y gracias a ello mantenemos la firmeza en nuestros valores, seguimos obsesionados con la calidad de lo que hacemos y más que crear transacciones continuamos con la convicción de construir relaciones.  Y estamos trabajando a todo vapor, con gran entusiasmo y con mucho optimismo hacia el futuro, totalmente comprometidos con el propósito que nos inspira y la visión que nos guía.

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[1] Manfred Max Neef (1932-2019): Economista Chileno ganador, en 1983, del Right Livelihood Award (también conocido como el nobel alternativo de economía) por su trabajo de "Revitalizar las comunidades pequeñas y medianas, impulsando la autoconfianza y reforzando las raíces del pueblo”

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