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Tu Mejor Estrategia: Tú. Un alto en el camino para decidir con más claridad

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24/01/2026
Tu Mejor Estrategia: Tú. Un alto en el camino para decidir con más claridad

Del 22 al 24 de enero de 2026, en Paipa, INALDE Business School reunió a 68 participantes de la comunidad alumni en el seminario “Tu Mejor Estrategia: Tú – Seminario de Planeación Estratégica Personal”, una experiencia diseñada para hacer algo que rara vez ocurre en la vida directiva: detenerse a pensar con método. Con la guía de Jorge Iván Gómez Osorio, profesor de INALDE y director del Departamento de Dirección General, el encuentro invitó a mirar la vida personal y profesional como un sistema: identidad, decisiones, prioridades, hábitos y seguimiento.

En un entorno que empuja a vivir “en modo agenda”, Paipa fue una pausa deliberada para recuperar el foco y hacerse preguntas difíciles, de esas que no se responden con prisa: ¿qué sostiene realmente una vida plena? ¿qué decisiones vienen de convicción y cuáles vienen de inercia? ¿en qué se está yendo el tiempo y qué dice eso de nuestras prioridades?

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Sostenibilidad personal: el éxito que no se fragmenta

El punto de partida fue claro: la estrategia personal no se limita a lo profesional. La sostenibilidad, entendida de manera integral, exige cuidar el bienestar propio, la dimensión relacional y el impacto social. No basta el reconocimiento por resultados; hay una medida más exigente: el legado, aquello que queda cuando la agenda se apaga.

En esa misma línea, se trabajó una idea clave para cualquier directivo: el tiempo para pensar es escaso, porque suele consumirse en urgencias, reuniones y ocupaciones. Sin embargo, de ese espacio, cuando se protege, suelen surgir las mejores conclusiones: las que ordenan, depuran y vuelven más coherente la vida.

Propósito: identidad, dirección y contribución

Uno de los núcleos del seminario fue distinguir entre lo que mueve por fuera y lo que sostiene por dentro. El propósito se abordó como brújula de identidad: no un slogan, sino una formulación capaz de orientar decisiones cuando llegan la presión, la fatiga o la duda.

Se profundizó en dos niveles:

  • Propósito superior personal, asociado a motivos trascendentes y a una vida que se entiende también como servicio.
  • Propósito profesional, que va más allá del ingreso o el estatus y se concreta en contribución: cómo el trabajo de cada uno se vuelve valioso para otros.

La expectativa que deja esta reflexión es poderosa: cuando el propósito se vuelve operativo, muchas metas dejan de ser obsesión y se convierten en consecuencia. La pregunta cambia: no solo “¿qué quiero lograr?”, sino “¿qué tipo de persona necesito ser para sostener lo que digo que quiero?”.

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Objetivos y metas: claridad sin ingenuidad

En la ruta del seminario, el propósito dio paso al objetivo: el sentido de dirección. Aquí se introdujo una idea que aterriza la planeación a la realidad: los objetivos son “juegos finitos”; tienen plazo, condiciones y fricción. Por eso, una meta no puede ser abstracta ni ingenua.

Se insistió en tres criterios que elevan la calidad de las metas:

  • Claridad: una meta que no cabe en una línea suele estar mal formulada.
  • Realismo y alcance: entender límites de tiempo, energía y recursos para evitar frustración.
  • Anticipación de obstáculos: identificar el problema antes de que el problema aparezca.

El objetivo bien planteado no promete “días de sol”. Reconoce que la vida tiene estaciones: sequías, lluvias, desánimo. La planeación madura no se rompe con la primera dificultad: se prepara para ella.

Foco: priorizar es elegir, y elegir es renunciar

Otra columna vertebral fue el foco. En el mundo directivo, el gran riesgo no siempre es la falta de trabajo: es la dispersión. Se trabajó la priorización como un arte exigente, porque obliga a enfrentar una verdad incómoda: no todo cabe.

La priorización trae consigo una competencia silenciosa entre tareas, y cuando se acumulan demasiadas metas, la energía se diluye. Por eso, el seminario insistió en un aprendizaje que suele marcar un antes y un después: cada “no” bien dado habilita un “sí” mejor cuidado.

El enfoque se volvió práctico mediante herramientas para alinear agenda y prioridades: auditoría del tiempo, bloqueos estratégicos en calendario (time boxing), criterios para proteger momentos de concentración y marcos simples para decidir qué hacer ya, qué programar, qué delegar y qué abandonar.

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Hábitos: la estrategia que se repite

Una conferencia esencial se concentró en el poder de los hábitos. Lejos de verse como rigidez, los hábitos se presentaron como una fuente de libertad: reducen fricción, automatizan lo valioso y construyen una “segunda naturaleza”. En el lenguaje clásico, la excelencia no depende de actos aislados, sino de actos repetidos; lo que se repite, termina gobernando.

También se enfatizó el reverso de la moneda: así como existen hábitos que ennoblecen, existen hábitos que degradan (vicios). El punto no es la culpa, sino la lucidez: identificar qué conviene instalar y qué conviene desinstalar.

Aquí apareció una idea que sintetiza el método: primero se construye el hábito; luego el hábito construye a la persona. La consecuencia es clara: la motivación inicia, pero el hábito sostiene. Por eso se recomendó evitar listas interminables y trabajar con inteligencia: un hábito a la vez, con método, señales y recompensas.

Un “lunes distinto”: de la inspiración al seguimiento

El cierre del seminario dejó una convicción transversal: estos espacios no buscan acumular teoría, sino expandir conciencia y habilitar decisiones nuevas. Pero esa expansión solo se vuelve cambio real cuando se traduce en práctica y seguimiento: revisar lo escrito, volver a las preguntas, proteger tiempos de silencio y sostener una disciplina amable, consistente y realista.

“Tu Mejor Estrategia: Tú” fue, en esencia, una invitación a recuperar el gobierno de la vida cotidiana: propósito que ordena, objetivos que aterrizan, foco que protege lo importante y hábitos que hacen sostenible el cambio.

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