Construir un legado significativo

28/07/2026

Carlos Francisco Restrepo
PDD de INALDE

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.

Pienso que este verso escrito por Bertolt Brecht habla de la importancia de construir y dejar un legado, que sea el resultado de cómo vivimos nuestra vida y que quede para las siguientes generaciones como testimonio de lo que fuimos.

Sin embargo, hay que reconocer que algunas personas dejan tras su paso dolor, destrucción, desunión, odio, desolación, conflicto, muerte, miseria, mientras que otras dejan inspiración,progreso, conocimiento, amor, felicidad, bienestar, unidad, vida. Ello implica que un legado puede ser bueno o malo, positivo o negativo; y esto es así porque, como existe el bien también existe el mal.

Y hay una tercera posibilidad: La de aquellos quienes que pasan por la vida desapercibidos como si en realidad no hubieran existido; aunque, creo yo, en realidad nadie pasa sin dejarrastro alguno.

Sin embargo, no es lo mismo dejar un rastro que dejar un legado. Se me ocurre que es por ello por lo que Bertolt Brech sugiere la importancia de luchar toda la vida. Empero, su verso también afirma que, luchar, aunque sea un día, es bueno.

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Lo escrito por Brecht no es ni más ni menos que una invitación a trascender. Tiene sentido en la medida que cada ser humano desea tener una vida significativa y valiosa (al menos yo lo deseo); esperamos que nuestro tiempo en el mundo no pase en vano; de alguna manera, cada uno de nosotros quiere hacer la diferencia, lograr grandes cosas y ser recordado. Por consiguiente, dejar un legado constituye un testimonio de nuestro paso por el mundo, de lo que fuimos. Es una forma de trascender.

¿Significa esto que mi legado es solo la suma de mis acciones y las consecuencias de mi paso por el mundo, de las huellas que dejaré tras de mí? ¿Soy Yo la causa y el legado será la consecuencia?

En cierta forma es así. Pero surge otra pregunta ¿si una persona deja un legado negativo, ello implica explícitamente la intención de que fuera así? Al respecto diría que muchas malas acciones nacen de una mala intención, así como muchas buenas nacen de una buena intención, pero, aunque suene extraño, también ocurre todo lo contrario y, cabría decir que el hecho de tener la intención de hacer algo no significa que se consiga, o que quien tenga la intención de provocar algo, se levante y lo haga.

Por tanto, a la hora de actuar, aun teniendo buenas intenciones, aun cuando hubiere razones justas o se tengan nobles motivaciones, se pueden cometer omisiones o haber descuidos, imprevisiones o equivocaciones, que deriven en terribles errores con consecuencias nefastas. Quizás es por ello por lo que se dice que el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones.

Entonces hay que concluir que, en estricto sentido, el legado no es producto de la intención, sino más bien de las decisiones y acciones que de ésta se derivan. El legado no necesariamente está en el resultado final al que apuntan las acciones emprendidas, sino también en el camino y en las consecuencias de cada una de las acciones realizadas. ¿Cuántas injusticias y cuánta miseria se podrían haber evitado si tan solo se hubiera puesto atención a las consecuencias de nuestras acciones?

Entonces, ¿Cómo mitigar el riesgo de dejar un legado contrario a nuestras intenciones?, pienso que un buen primer paso podría ser el tener una clara idea de lo que se quiere dejar. Es decir, formular una visión, y planear con cuidado las acciones que llevarán allá. Y es que tener una visión puede impulsar a la acción.

Respecto de ello, diría que es casi seguro que cada persona podría tener su propia visión del legado que desearía dejar. Y puede haber múltiples interpretaciones de lo que es dejar un legado, miles, millones, tantas como personas haya.

Para muchos, seguramente el legado debería ser algo material (arte, riquezas, infraestructura); para otros, un legado de valor tendría un carácter inmaterial (una idea que transforme el mundo, un gran descubrimiento, nuevo conocimiento); más yo creo queincluso sería valioso si simplemente se desea dejar a los hijos un sólido marco de valores,una buena educación y grandes oportunidades. Como puede verse, no es una cuestión de escala, pero quizás si de significado, pues un buen legado siempre será significativo.

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Reflexionar en torno del legado y construir una visión positiva que oriente a la acción es importante, pero solo lo será si se hace con profundidad. De hecho, desde mi perspectiva, la clave no está en formular una gran visión, sino en formular una que sea pura y significativa, donde se entrelacen buenas intenciones y grandes aspiraciones.

Por consiguiente, en mi rol de padre, un buen legado podría ser el dejar un mejor mundo para mis hijos y, a la vez, unos mejores hijos para el mundo. Esa sería quizás la mejor versión de padre a la que yo podría aspirar. Claro que es clave preguntarse qué significa dejar un mejor mundo para mis hijos y qué significa dejar mejores hijos para el mundo.Como puede verse no es un asunto semántico, sino de comprensión.

De forma similar, pienso que es importante reflexionar en cuál sería el legado que quiero dejar con mi trabajo. E igual podría aplicar para una empresa u organización.

Ahora bien, más allá de lo dicho hasta ahora, debo poner un punto en claro: Tener una visión pura y significativa es clave, pero lo fundamental son las acciones que a partir de tal visión se emprendan. Porque, en el camino para construir el legado que uno anhela, podríadejarse tierra fértil o tierra arrasada, tales acciones podrían crear vida o dejar profundas cicatrices.

Y hay que entender que cada acción genera una reacción, no hay acción sin consecuencia. Es un hecho de la vida, nuestras acciones y decisiones pueden cambiar la realidad, para bien o para mal, pueden generar círculos virtuosos o círculos viciosos.

Dejar un gran legado implica que cumplí con mi propósito en la vida, que me realicé como persona, que trascendí. Por ello, creo, nunca es tarde para arrancar, o para cambiar el rumbo. La buena noticia es que podemos deshacer algunos de nuestros pasos y tomar un nuevo camino, cambiar algunas de nuestras huellas, sanar heridas y hacer florecer espacios donde habíamos dejado aridez. Basta con que tengamos humildad para reconocer nuestros errores y disposición para aprender de ellos y para ser mejores.

Quizás llegue a tener la suerte de ver en vida parte de mi legado y disfrutarlo, como Nelson Mandela, o quizás no, como Vincent Van Gogh, pero ello no debería importar, porque el propósito del legado no es obtener reconocimiento. Por ende, si apunto alto y vivo correctamente, si cuido mis intenciones y actúo con decisión y responsabilidad, observando las consecuencias de cada acción y decisión, mi vida habrá hecho la diferencia, habré vivido con intensidad, habré cumplido con mi propósito y la lucha (como dice Bertolt Brecht) habrá valido la pena.

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