Gustavo Mas
PADE de INALDE
En otro artículo de esta serie, conversábamos acerca de las dificultades de convivir por un tiempo, más o menos prolongado, con un problema sin solucionar. La propuesta de estas reflexiones es abordar la cuestión de sobrellevar un estado de duda, de no saber, de no entender, durante un lapso relevante. Desde la sustancia, sería un dudar sobre un tema importante. Con relación al tiempo, sería una permanencia que se extiende semanas, meses, no simplemente un instante. Como un torbellino, las ideas van y vienen en nuestra cabeza y nos atormentan. Causas se mezclan con consecuencias. Razones se combinan con excusas. Los cursos de acción no aparecen claros y las emociones como el miedo y la ansiedad nos copan. Por momentos cuesta respirar y, en otros se agita el aliento, sobreviene el insomnio y algunos dolores en el cuerpo. Capitalizar este estado a nuestro favor es el desafío.
Preguntas sin respuesta
De niños hemos sido entrenados más para responder que para preguntar. Este es un sesgo que nos acompaña aun siendo mayores. Dar una respuesta sin entender la cuestión, simplemente porque es la reacción que se espera, o contestar para salir del paso, son circunstancias comunes. Preguntar y preguntarse tiene un valor notable. Indagar e investigar tiene un poder destacado.
Profundizando, diría en primera instancia, que el set de emociones que se vinculan con preguntar desde la duda es el primer punto para reconocer. Miedo, vergüenza y vulnerabilidad, son sensaciones con potencial de inhabilitar y restringir. Lo que está en juego es lo que sigue: a mayor valor implicado, menor impulso para partir con una pregunta desde una duda.
Al salir “figurativamente” de uno mismo con una pregunta hacia otro, estamos dejando nuestro propio espacio hacia lo desconocido, lo no obvio, un más allá de reacciones fuera de nuestro dominio, lo cual estresa de más y hace que, imaginados en esa posibilidad, la descartemos de plano.
Si preguntas respetuosamente, bajas las barreras. Si preguntas aclarando tu motivación, facilitas el entendimiento. De pronto las respuestas que buscas se esconden detrás de aquellas preguntas que no te has animado a hacer.
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