Convivir con una duda

27/08/2026

Gustavo Mas
PADE de INALDE

En otro artículo de esta serie, conversábamos acerca de las dificultades de convivir por un tiempo, más o menos prolongado, con un problema sin solucionar. La propuesta de estas reflexiones es abordar la cuestión de sobrellevar un estado de duda, de no saber, de no entender, durante un lapso relevante. Desde la sustancia, sería un dudar sobre un tema importante. Con relación al tiempo, sería una permanencia que se extiende semanas, meses, no simplemente un instante. Como un torbellino, las ideas van y vienen en nuestra cabeza y nos atormentan. Causas se mezclan con consecuencias. Razones se combinan con excusas. Los cursos de acción no aparecen claros y las emociones como el miedo y la ansiedad nos copan. Por momentos cuesta respirar y, en otros se agita el aliento, sobreviene el insomnio y algunos dolores en el cuerpo. Capitalizar este estado a nuestro favor es el desafío.

Preguntas sin respuesta

De niños hemos sido entrenados más para responder que para preguntar. Este es un sesgo que nos acompaña aun siendo mayores. Dar una respuesta sin entender la cuestión, simplemente porque es la reacción que se espera, o contestar para salir del paso, son circunstancias comunes. Preguntar y preguntarse tiene un valor notable. Indagar e investigar tiene un poder destacado.

Profundizando, diría en primera instancia, que el set de emociones que se vinculan con preguntar desde la duda es el primer punto para reconocer. Miedo, vergüenza y vulnerabilidad, son sensaciones con potencial de inhabilitar y restringir. Lo que está en juego es lo que sigue: a mayor valor implicado, menor impulso para partir con una pregunta desde una duda.

Al salir “figurativamente” de uno mismo con una pregunta hacia otro, estamos dejando nuestro propio espacio hacia lo desconocido, lo no obvio, un más allá de reacciones fuera de nuestro dominio, lo cual estresa de más y hace que, imaginados en esa posibilidad, la descartemos de plano.

Si preguntas respetuosamente, bajas las barreras. Si preguntas aclarando tu motivación, facilitas el entendimiento. De pronto las respuestas que buscas se esconden detrás de aquellas preguntas que no te has animado a hacer.

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¿Cuánto de certeza da seguridad?

Nunca es el 100%. Arribar a este entendimiento es fundamental. Si esperamos estar totalmente seguros de algo, nunca haremos nada. Inclusive, los retornos mayores, suelen estar implícitos en decisiones con mayor porcentaje de incerteza. Los premios suelen tener una relación inversa con los riesgos e incertidumbres.

Distinguir entre riesgos e incertidumbres es recomendable. Un riesgo puede analizarse, asignársele una probabilidad y un impacto estimado. Admite estrategias de gestión: ser eliminado, mitigado, transferido o asumido. Gestionar los riesgos puede implicar costos. La incertidumbre es otra especie, es difícil de racionalizar, puede configurar varios escenarios e, inclusive, permanecer oculta y emerger sorpresivamente. Estar preparado o, lo más preparado que sea posible, resulta ser la mejor estrategia.

La oportunidad la configura el grado de preparación que seas capaz de alcanzar. Encarar la preparación, sin tener la total certeza de algo, es más fácil que iniciar una acción sin tener acabada certidumbre. Equivale a la noción de invertir, de asignar recursos a la construcción de un activo, de una capacidad o de una competencia. Permite acceder a plataformas en las cuales encaramarte para ver desde otro sitio las oportunidades que, tal vez, no apreciabas.

Por último, el nivel de certeza podría incrementarse con el tiempo; con tu propia maduración de las cuestiones; con una luz que puede venir de alguien a quien le asignes autoridad y que te enriquezca con sus juicios; con un guiño de la suerte que configure una realidad en la cual puedas capitalizar tu presteza.

Descubrir asimetrías

Podríamos tomar la analogía del concepto de la física y decir que la vida es, en cierta forma, un equilibrio inestable. Cualquier situación tiene el poder de alterar nuestro balance. Quizás el desbalance sea la condición más frecuente, solo intercalada por momentos de estabilidad en los que nos sentimos plenos y felices. En esa búsqueda incesante de sentido en la que estamos permanentemente los seres humanos, parecería ser que la prospección de dicha armonía tiene el potencial de dejarnos más frustrados que satisfechos. Es posible pensar que las dudas, en cierta forma, devienen principalmente de este estado.

En la exploración continua de consistencia, tal vez una buena táctica podría ser identificar las asimetrías. Si encuentras aquello que es preciado para ti, pero que para otro pueda ser insignificante, habrás hallado un gran punto de apoyo. Partir desde tu espacio de duda en la procura de desproporciones o de desigualdades, podría ser muy provechoso. Sin menospreciar el peso de los equilibrios, la idea es que, de pronto, para alcanzarlo, debes fomentar el desequilibrio. Esto sucede, principalmente, por arribar a la comprensión de que, tu “balanza actual” se encuentra, eventualmente, contrapesada hacia algún lado.

Un estado de duda, de inestabilidad, de falta de armonía, favorece la identificación de irregularidades. Permanecer en esos momentos que quisieras atravesar rápidamente, ayudaría a visualizar este tipo de anomalías. Alimentando tu nivel de confianza para evolucionar hacia un nuevo estado, podrías apostar a completar tu ecuación con elementos que provengan de otras fuentes, de tu propio entorno o de los ecosistemas en los cuales actúas.

Evidencias de lo no evidente

Un buen detective aprende a dudar de todo. En sus rutinas de investigación, las dudas ocupan un lugar destacado. Sabe convivir con la perplejidad y va administrando su nivel de incerteza para ir dando pasos seguros. Preguntar e indagar hacen parte de sus rutinas esenciales y su gran motivación es la de encontrar evidencias que permitan soportar las hipótesis iniciales del caso. Esas evidencias, algunas groseras y otras sutiles, son muestras de lo no evidente. La

prospección se mezcla con la proyección y, en ese ir y venir, lo real se combina con lo imaginado y los sentidos comienzan a percibir sensaciones variadas que iluminan realidades. Una buena duda habilita y dispone y es, en cierta forma, facultativa, ya que otorga poder.

Podrías tomar un papel y realizar una descripción de tu quiebre, identificando el problema a solucionar o la situación que te aqueja. Al lado, lista las personas involucradas. A seguir las hipótesis posibles. Luego las emociones emergentes. Finalmente, las dudas que tienes. Con ese mapa delante, vincula los elementos. Pregúntate:

  • ¿Qué personas podrían tener respuestas a tus inquietudes o aportes a tus incertezas?
  • ¿Cuáles emociones vinculas a tus dudas o las personas identificadas?
  • ¿Cuáles vínculos de hipótesis y personas son más fuertes?
  • ¿Existe alguna conexión entre las conjeturas y las emociones?

Al avanzar con esta dinámica, registra los hallazgos. Es posible que algunas de las dudas iniciales comiencen a disiparse. Lo que al principio no era claro, podría develarse. Lo que inicialmente no era obvio, puede hacerse manifiesto. Por arte de tu trabajo, adquieres una cierta magia de aclarar lo nebuloso.

Una pregunta habilitante

Baja las defensas y confía en que todo va a estar bien. Cree en ti. Toma el valor de partir hacia una indagación que acerque las respuestas que necesitas. Abraza el movimiento, a pesar de tus incertezas, e identifica asimetrías. Lo que no es evidente puede aparecer en un instante de lucidez para el cual deberías estar siempre preparado.

Tal vez solo se trata de una pregunta que habilite. ¿Cuál es la duda más importante que te aleja de tu estado de plenitud?

La serie Palabra de Coach

Palabra de Coach es una serie de artículos que explora, desde una mirada práctica y reflexiva, los desafíos actuales de la gestión personal y organizacional en contextos de cambio, incertidumbre y complejidad creciente. A través de ideas claras y enfoques que invitan a profundizar, propone revisar cómo interpretamos lo que ocurre, cómo conversamos, decidimos, coordinamos acciones y qué impacto tiene todo eso en los resultados. Más que ofrecer respuestas cerradas, busca abrir preguntas que amplíen la forma de mirar y habiliten nuevas posibilidades de acción. Su propósito es realizar un aporte distintivo, dar criterios y sentido para intervenir con mayor efectividad estrategias y posicionamientos, tanto a nivel individual como en el mundo del trabajo.

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