El grande y poderoso ejemplo

27/08/2026

Carlos Francisco Restrepo
PDD de INALDE

Uno de los objetivos del liderazgo es la transformación, que conlleva impulsar a otros a realizar un cambio en su vida, para aprender nuevas maneras de ser o hacer, para actuar por propia iniciativa, crecer y desatar su potencial, para poner su voluntad al servicio de un propósito superior. Como en el caso de un escultor, el liderazgo no se trata de crear personas nuevas, sino de descubrir y liberar lo que ya está en ellas.

Tal transformación solo es posible desde el ejemplo. ¡Porque el ejemplo tiene gran poder!

Visto de una manera simple ejemplo es "demostración". A través del ejemplo se transmite conocimiento, se muestra la forma de hacer las cosas y se hace ver que algo que parece imposible es en realidad posible. Sin embargo, en una forma más amplia, ejemplo es testimonio y camino para el cambio y, como tal, contribuye a la construcción del ser humano.

Para sustentar esta idea recurro a una conocida anécdota del Dr. Arún Gandhi, nieto del Mahatma Gandhi:

"Yo tenía 16 años y estaba viviendo con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado a 18 millas en las afueras de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar. Estábamos bien adentro del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mí siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine.

Un día mi padre me pidió que le llevara a la ciudad para atender una conferencia que duraba el día entero y yo salté a la oportunidad. Como iba a la ciudad, mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes como llevar el auto al taller. Cuando despedí a mi padre él me dijo: Nos vemos aquí a las 5 p.m. y volvemos a la casa juntos.

Después de muy rápidamente completar todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me enfoqué tanto con la película, una película doble de John Wayne, que me olvidé del tiempo. Eran las 5:30 p. m. cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el auto y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 p. m.

El me preguntó con ansiedad: ¿Por qué llegas tarde? Me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne, entonces le dije que el auto no estaba listo y tuve que esperar... Esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller.

Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo: Algo no anda bien en la manera que te he criado que no te ha dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar qué es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y pensar sobre esto.

Así que, vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos que ni estaban cementados ni iluminados. No lo podía dejar solo... así que yo manejé 5 horas y media detrás de él... viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho.

Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir.

Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso... Si me hubiese castigado de la manera que normalmente se castiga a los hijos... ¿hubiese aprendido la lección?... No lo creo... Hubiese sufrido el castigo y hubiese seguido haciendo lo mismo... Pero esta acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer."

Esta historia evidencia que, a través del ejemplo se revela quienes somos en realidad y lo que llevamos dentro. Nuestro ser, lo que creemos, lo que valoramos e incluso lo que pensamos, se hace presente a través de nuestras acciones. Y son los momentos de crisis los que realmente evidencian de qué estamos hechos y es cuando con mayor fuerza lo proyectamos. Así que coincido, al pie de la letra con Albert Einstein cuando afirmó que “dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”.

Es esa la razón por la cual no es posible enseñar sobre los valores, más bien es posible contagiarlos, como un virus, al vivir en un ambiente lleno de valores.

Sin embargo, he observado que no basta con actuar de la forma apropiada para incidir en otros y generar transformación, sino que se requiere de dos condiciones específicas para que el ejemplo adquiera todo su poder. Estas condiciones son: Influencia y Coherencia, que actúan e interactúan de forma sinérgica,

Empecemos revisando la primera condición, la influencia, aclarando que lo que hacemos no necesariamente impacta el comportamiento de quienes nos rodean, ni siquiera de aquellos con quienes nos relacionamos frecuentemente, a no ser que tengamos influencia sobre ellos.

Tener influencia significa que existe algo que media la relación entre una persona y otra, que da poder a la primera de determinar o alterar, en alguna medida, la forma de pensar, sentir o actuar de la otra. Por tanto, resulta obvio que, a mayor influencia mayor poder.

Si esto es cierto, es válido afirmar que, al tener influencia, podemos incidir incluso sobre personas que no conocemos. Y también al revés, personas que no conocemos personalmente, pero reconocemos y referenciamos, podrían tener poder sobre nosotros.

Como si de una fórmula matemática se tratara, el nivel de influencia multiplica el efecto de nuestras acciones en otros. Por tanto, si no tenemos influencia alguna, el efecto será cero y a mayor influencia, el efecto se dispara. En resumen, nuestro ejemplo solo tendrá la capacidad de incidir en la transformación de aquellas personas sobre las que tenemos influencia.

La segunda condición es la coherencia, que no es otra cosa que la correspondencia entre lo que una persona piensa, dice y hace. Su ausencia genera confusión, pues se hace presente al decir algo y hacer algo totalmente diferente, al predicar unas determinadas convicciones, pero actuar en contra de ellas, o al cambiar constantemente el actuar.

Por supuesto no se trata de señalar a alguien de incoherente por cambiar sus convicciones, de hecho, a veces la vida nos enfrenta a situaciones que influyen tan contundentemente en nosotros, que nos convencen de cambiar de rumbo y nos hacen cambiar nuestras creencias más profundas, ¿pero que tan a menudo esto sucede? Ser incoherente es más bien no actuar de acuerdo con tales convicciones.

Así las cosas, un padre es incoherente cuando le dice a su hijo que no mienta, pero él miente; o cuando predica no juzgar, pero él critica a todas las personas; o cuando espera que ellos controlen sus emociones, pero él explota constantemente.

En lógica conclusión, si la incoherencia es lo único en que se es consistente, será la incoherencia el mensaje que con mayor fuerza se trasmita, y por tanto el que será copiado.

La coherencia es la esencia del ejemplo y adquiere mayor importancia cuanto más se intenta lograr que otros hagan lo correcto o hagan cosas que requieran de esfuerzo, disciplina o fuerza de voluntad, pues con ella se refuerzan actitudes y comportamientos. La coherencia produce confianza, y es por confianza que la gente sigue al líder, acepta su guía y se compromete con su visión.

Es coherente que un padre que desea hijos pacientes sea paciente; o que un padre que desea hijos respetuosos sea respetuoso. Es coherente que un gerente que quiere que su gente confíe en sí misma, demuestre confianza hacia ellos; o que un gerente que en tiempos de escases o dificultad desee que su equipo cuide y aproveche al máximo los escasos recursos disponibles, se apriete el mismo el cinturón, siendo cuidadoso también para no derrochar o desperdiciar dichos recursos.

Sin embargo, la coherencia no se puede limitar únicamente a las propias actitudes y comportamientos, sino que también debe extenderse al contexto, a las condiciones que se crean para enseñar o inducir transformación. Así, un padre de familia que desee que sus hijos entiendan el valor del esfuerzo, debe entender que no basta con que el mismo sea un buen trabajador y se esfuerce al máximo (aunque estos dos requisitos son indispensables), sino que debe lograr que ellos se esfuercen también.

Por tanto, no debería facilitarles todo, por el contrario, debe asignarles tareas retadoras, demandar el cumplimiento de compromisos y responsabilidades y supervisar que lo hagan, exigiéndoles disciplina, pero también debe dar reconocimiento frente el logro de metas particulares. Es decir, la capacidad de esforzarse se adquiere esforzándose y se refuerza con el ejemplo.

Es como el artesano al que nos habíamos referido al inicio de este texto, que sabe que la demostración es clave para que su discípulo aprenda a usar las herramientas, pero comprende qué para aprender, el discípulo debe usarlas.

Tu próxima lectura: "La clave del día está en nuestras manos - INALDE"

Últimas Noticias

Contenidos AlumniBlog

El grande y poderoso ejemplo

El ejemplo es una herramienta esencial del liderazgo: transforma, inspira y genera confianza cuando se sostiene en la influencia y la coherencia.

Revista InaldeBlog

La clave del día está en nuestras manos

Clara Inés Valderrama, PDD de INALDE, comparte la clave para afrontar el cambio, reconstruirse y descubrir nuevos horizontes.

Cápsulas de investigaciónVideo

Del paper a la práctica directiva: La armonía familiar como factor que impulsa el éxito de las empresas familiares

¿Puede la armonía familiar mejorar el desempeño de una empresa? María Piedad López, profesora y directora del Family Business Center y Miguel Luna, investigador de INALDE, presentan una investigación publicada en una revista científica Q1 que demuestra cómo el propósito compartido, las dinámicas familiares y la participación de las nuevas generaciones fortalecen la continuidad y […]