Nicolás Carvajal, conocido como “Nico Solo”, abrió su conferencia “Una vida para vivir” en Charlas entre MBAs 2026 de INALDE Business School con un dato contundente: remar solo a través de un océano es una hazaña más rara que escalar el Everest o viajar al espacio.
Nicolás, el único colombiano en cruzar el Atlántico en solitario y sin asistencia, completó en 2012 un recorrido de 5.400 kilómetros desde las Islas Canarias hasta Guyana. Fueron 84 días extenuantes, divididos en turnos ininterrumpidos de dos horas de remo por dos de descanso, en los que perdió 30 kilos y la piel de las manos.
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Perseguir el sueño y asumir el control del cambio
Definido a sí mismo como un “náufrago voluntario”, Nicolás explicó que asumió el desafío para perseguir ese sueño de transformación personal y rendir homenaje a su abuelo, fallecido por cáncer. Entendió que la comodidad es enemigo del crecimiento; por ello dejó la rutina de su empresa en Londres para perseguir un propósito distinto. En su intervención destacó que el vector de cambio se transforma radicalmente cuando lo eliges, a diferencia de cuando se te autoimpone, escenario donde sientes que no hay control sobre las circunstancias.
Los tres filtros y la estrategia para abordar grandes retos
Nicolás estructuró una guía de decisión basada en tres preguntas filtro:
- Evaluar si la idea tiene propósito
- Consultar a la audiencia adecuada
- Buscar mentores y tener disposición al sacrificio
Uno de sus aprendizajes principales fue cómo gestionar metas complejas: la ballena se come a bocados. Nicolás afirmó que cualquier persona se abruma con los retos grandes, por lo que la clave reside en avanzar mediante una sumatoria de pasos pequeños. Esta marcha requiere una constancia sostenida, que debe relacionar con planeación estratégica. Su primer paso práctico, de hecho, fue entrenar cuatro meses con un remador olímpico antes de tocar el agua.
Adaptabilidad en altamar y gestión emocional
La travesía exigió flexibilidad extrema. Tras fracturarse la muñeca a mitad del océano, la inmovilizó con madera y cinta. Cuando los vientos lo desviaron de su ruta inicial hacia Barbados, redefinió el rumbo sin perder la compostura. En lugar de pelear contra el mar, aprendió a concentrarse en las variables bajo su control directo.
En el plano mental, enfrentó la soledad y el miedo viéndolos como “maestros disfrazados de enemigos”. Desarticuló los escenarios catastróficos mediante acciones concretas en el bote y canalizó su esfuerzo hacia un fin mayor, logrando recaudar más de 40.000 dólares para Cancer Research UK.
Nicolás concluyó señalando que el éxito depende de “los remos que no se ven”, el apoyo de la red personal y, recordando que “todo pasa”, tanto la tormenta como el triunfo. Hoy aplica estas lecciones en iniciativas de salud mental y liderazgo mientras prepara su próxima travesía por el océano Pacífico.
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