Marian Rojas Estapé se ha consolidado como una de las voces más influyentes de habla hispana en la comprensión de la mente, las emociones y su impacto en la vida cotidiana. Psiquiatra, escritora y divulgadora, ha logrado traducir con rigor y cercanía asuntos complejos de la salud mental en herramientas concretas para vivir mejor, comprendernos y relacionarnos de una manera más consciente. Su mirada, profundamente humana, parte de una convicción clara: cuando una persona entiende lo que ocurre en su interior, también puede decidir mejor cómo vivir, cómo trabajar y cómo vincularse con los demás.
En esta conversación con la Revista INALDE, Marian reflexiona sobre el liderazgo emocional, el impacto del estrés sostenido en la toma de decisiones, la necesidad de recuperar el sentido en medio de la exigencia y el papel de las organizaciones en el cuidado integral de las personas. También ofrece una mirada valiosa para empresarios y directivos, al hacer énfasis en que liderar bien no depende solo de la estrategia o del conocimiento sino también de la capacidad de gestionarse a sí mismo; de transmitir calma, claridad y confianza, y construir entornos en los que el bienestar y los resultados no se opongan, se fortalezcan mutuamente.
¿Cómo logra «transformar el mundo complejo de la mente en algo sencillo y fácil de entender» en sus libros y conferencias?
Durante la carrera de medicina, todo lo que estudiaba lo pasaba a esquemas muy asequibles y comprensibles para mí. Me di cuenta de que cuando las cosas se entienden es mucho más fácil poder transmitirlas y, durante la residencia cuando observaba en el hospital que los pacientes entendían su conducta y síntomas, se sentían aliviados y tenían más ganas de cambiar hábitos o de curarse.
¿Por qué incluye el concepto de «persona vitamina» como uno de tus temas centrales de conferencias y qué significa?
Durante años leía y escuchaba en muchos sitios el concepto de persona tóxica. En una conferencia, hace unos 13 años en México, tuve muchas preguntas sobre las personas tóxicas en el ámbito personal y laboral. En esa época estaba empezando a indagar y estudiar en profundidad el efecto de las palabras negativas –nuestro discurso negativo– en nuestra salud y en nuestra psique, y dije algo como: ‘¡Dejemos de hablar de personas tóxicas, hablemos de… personas vitamina!’. Ahí surgió, por primera vez, y desde entonces ha sido un concepto amable para hablar de esas personas.
¿Por qué considera que «la buena gestión de las emociones es clave para poder ser feliz» y cómo transmite esto a sus pacientes?
La buena gestión de las emociones no es un lujo, es una necesidad. Porque no vemos la vida como es, la vemos como estamos. Y ahí está la clave de todo. Cuando una persona no entiende lo que siente, queda a merced de sus impulsos, de sus heridas y de su historia. Reacciona, no elige. Y vivir reaccionando genera sufrimiento, relaciones inestables y una sensación constante de vacío o descontrol. En consulta explicó mucho que las emociones no son el problema; el problema es no saber qué hacer con ellas.
La tristeza, la frustración, la rabia o el miedo tienen una función adaptativa, nos están dando información. Pero si no las identificamos, si no las nombramos, si no las gestionamos, acaban dominándonos. La felicidad no es estar siempre bien. Eso es irreal. La felicidad es tener recursos para sostener lo que sentimos, para no rompernos cuando algo duele y para no perdernos cuando algo nos supera, porque al cerebro se le entrena. Y cuando uno entrena su manera de pensar y de sentir, empieza a vivir con más calma, más claridad y más libertad.
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