Fomentar la IA, no la estupidez

09/10/2026

Daniel Villa
Executive MBA de INALDE

Conozco gerentes que se ofenden cuando reciben una presentación hecha con IA. La descartan con la misma sospecha con la que un profesor de colegio descarta una tarea copiada, convencidos de que si la persona no sufrió frente a la hoja en blanco, entonces no trabajó. Creo que están castigando exactamente lo que deberían premiar.

Si alguien de mi equipo resolvió en veinte minutos un modelo en Excel que antes le tomaba una tarde, no me está faltando al respeto; me está devolviendo una tarde. El esfuerzo nunca fue el producto. El producto siempre fue el resultado, y exigir que el resultado venga acompañado de sufrimiento es una forma elegante de pagar por horas lo que hoy se puede obtener en minutos.

Pero hay algo que sí me saca de quicio, y creo que es lo que las organizaciones deberían empezar a tratar con toda la seriedad que hoy le dedican a la sospecha equivocada. Es la presentación de treinta láminas donde la cifra de la lámina doce no coincide con la de la lámina tres. Es el correo de novecientas palabras que pudo tener cuatro líneas, lleno de frases que suenan a consultoría y no dicen nada, escrito para un contexto que el autor nunca le explicó a la herramienta de IA. Es el análisis de mercado que cita un estudio que no existe. Es el contrato que llega a firma con una cláusula de exclusividad que nadie negoció, que nadie pidió y que nadie leyó antes de enviarlo. Ninguno de esos errores es culpa de la IA. Todos son culpa de alguien que confundió generar con terminar.

A eso lo llamo falsa productividad: la sensación de haber avanzado muchísimo porque se produjo muchísimo, cuando en realidad se trasladó el trabajo pendiente al siguiente eslabón de la cadena. El que envió el documento sin revisarlo ahorró una hora; el que lo recibe pierde dos encontrando los errores, o no los encuentra y los toma como ciertos, que es bastante peor. En una organización grande, esa aritmética no se compensa: se multiplica. Cada documento sin revisar es una pequeña deuda que alguien más termina pagando, con intereses, y casi siempre en el peor momento posible, frente a un cliente, una junta o un juez.

Te puede interesar: "Liderar desde las vanguardias: Lo que el arte enseña al management - INALDE Business School"

Por eso creo que la distinción que necesitan las empresas no es entre quien usa IA y quien no la usa. Es entre quien usa la IA y responde por lo que entrega, y quien usa la IA como coartada. Lo primero se debe fomentar sin complejos. Lo segundo se debe corregir con la misma firmeza con que se corregiría a cualquier profesional que firma algo que no leyó, porque eso es exactamente lo que está pasando: firmar sin leer, solo que ahora la herramienta permite hacerlo a una velocidad y un volumen que antes eran imposibles. La regla que aplicamos es sencilla y no admite matices: el que envía es el autor, sin importar quién o qué lo haya redactado.

Aquí aparece la paradoja que más me interesa. Durante años nos dijeron que la habilidad del futuro sería programar, o saber escribir buenas instrucciones para las máquinas. Resulta que la habilidad más escasa y más valiosa de esta época es mucho más antigua: leer. Leer mucho, leer con detalle, leer con escepticismo. Una herramienta que produce en segundos lo que antes tomaba días convierte al lector, y no al redactor, en el cuello de botella de la calidad. Quien sabe leer detecta la cifra que no cuadra, la frase vacía, la cláusula que sobra, el razonamiento que se ve bien pero no se sostiene, y vuelve a dar instrucciones con el contexto que faltaba. Quien no sabe leer simplemente reenvía, y cree que eso es trabajar.

Esto tiene una consecuencia incómoda para cómo formamos y evaluamos a nuestros equipos. Si la redacción se volvió barata, la revisión se volvió cara, y hay que presupuestarla como tal: tiempo explícito para leer lo que la IA produjo, criterios claros de qué se revisa antes de que algo salga de la compañía, y líderes que pregunten "¿esto lo leíste?" antes de preguntar "¿esto lo hizo la IA?". La segunda pregunta ya no importa. La primera es la única que separa a una organización que se volvió más productiva de una que solo se volvió más ruidosa.

La inteligencia artificial no vino a eliminar el criterio humano. Vino a exponer, sin piedad y a gran escala, quién lo tenía y quién lo estaba fingiendo.

Tu próxima lectura: "4 datos cocteleros para tu próxima reunión de negocios - INALDE"

Últimas Noticias

Contenidos AlumniBlog

Fomentar la IA, no la estupidez

Daniel Villa, alumni Executive MBA de INALDE, analiza cómo fomentar el uso de la IA con criterio humano, lectura crítica y responsabilidad empresarial.

Contenidos AlumniBlog
Convivir con una decisión.

Invertir es una forma de elegir quienes queremos ser

Gustavo Mas, Alumni PADE de INALDE, reflexiona sobre cómo invertir con criterios éticos permite crear valor sostenible, fortalecer la confianza y construir el futuro que queremos.

Contenidos AlumniBlog

Fábulas corporativas: El lobo y la oveja

En el artículo El lobo y la oveja, Gina Acosta reflexiona sobre el miedo, la confrontación y el liderazgo, y cómo defender nuestra voz puede transformar las dinámicas laborales.