Fuera de línea

05/11/2026

Juan David Martínez
Executive MBA de INALDE

Debo confesar que me parece una absoluta maravilla que las aerolíneas cobren por la conexión a WiFi. Es la barrera perfecta para mantener ese reino cada vez más esquivo en tierra en el cual no hay notificaciones. Revisar el celular resulta inútil y nos vemos obligados a dirigir nuestra atención a otras cosas. No se me ocurren muchas situaciones adicionales en las que uno esté en una pausa y la salida de emergencia no esté vibrando dentro del bolsillo, lista para desconectarnos de la realidad y difuminar el paso del tiempo. En el avión no hay escapatoria. A mí me gusta, pero soy consciente de que es uno de esos gustos adquiridos con los años, como el café sin azúcar o madrugar un fin de semana, contrarios al impulso inicial pero que se aprenden a disfrutar.

​El avión también es una excusa válida para estar fuera de línea, sin que se generen preocupaciones o afanes innecesarios. Porque además de la incapacidad para soportar las pausas, desarrollamos una compulsión por tener que estar siempre disponibles para responder inmediatamente. Sentimos la obligación de contestar inmediatamente una llamada o un mensaje, esperando lo mismo de los demás. Ante la demora, surgen preocupaciones y tensiones de las que somos víctimas y victimarios. Hay una particularidad en las dinámicas del mundo actual y es que somos presos y carceleros de los efectos de estar conectados todo el tiempo. Hemos perdido la capacidad de habitar las pausas y de no estar al servicio de la inmediatez.

Creo que, si logramos encontrar comodidad en la desconexión y la pausa, podemos llegar a practicar una especie de ayuno que nos permite levantar el pie del acelerador a la vida y andar a nuestra velocidad, no la de las notificaciones. Quizá no es que la vida se pase muy rápido; la cuestión es que vamos distraídos conectados a ríos de información y pensando en lo que viene, no en lo que estamos viviendo. Y no es que esté planteado vivir en una contemplación inactiva. Estoy abogando por encontrar un espacio de desconexión en el que se use la pausa y a partir de ella logremos practicar una atención plena. Así sea leyendo o viendo una película, inmersos por completo en ello, lejos del alcance de las invasivas notificaciones.

​Deberíamos buscar momentos voluntarios de desconexión, no condicionados por una restricción externa, que nos enfrentemos a ese ligero desasosiego y nos lleven a descubrir placeres diferentes y encontrar gusto en los intermedios. Hay un espacio por explorar en esa pausa que nace a partir de la desconexión, en la que nuestra mente empieza a divagar y dejamos que los pensamientos floten como nubes en el firmamento,deteniéndonos en algunos y dejando pasar otros. Ideas que nos hagan descubrir nuevas cosas en nosotros, o reflexionar sobre nuestros días. La pausa es un elemento que nos abrea lo que viene y ayuda a que se asiente lo vivido. Por algo, las óperas, que son como la vida, necesitan un intermedio.

Tu próxima lectura: "Más que mutantes somos transformes - INALDE"

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