Pepe Grillo va en Ferrari

04/05/2026

Gina Acosta
Executive MBA de INALDE

"El mundo está lleno de tentaciones. Son cosas malas que parecen buenas en el momento".

— Pepe Grillo

Este famoso grillo vestido de Copa y Frag, que actuaba como la conciencia de Pinocho en el clásico cuento italiano creado por Carlo Collodi en 1981 y llevado al cine por Disney en 1940, se pasea por los pasillos de las empresas hoy en pleno siglo XXI. Aparece siempre en las decisiones corporativas que nos ponen entre la disyuntiva entre hacer lo correcto o no, así eso implique sacrificar el resultado a corto plazo.

Si bien Pepe Grillo- la voz de la conciencia- ha aparecido a lo largo de la historia empresarial desde la época industrial, su presencia es más relevante en estos tiempos, donde la confianza dejó de ser un valor agregado para ser el principal motor de las decisiones de compra, la fórmula para construir reputación y el ancla para mantenerse a flote por largo tiempo, incluso en tiempos de crisis.

¿Quién no ha sentido zumbando cerca al oído a este sabio grillo? Su sabiduría del ser y del correcto hacer nos habla porque la consciencia está en las personas y de ahí que le guste rondar por las oficinas, porque son justo las personas las que hacen las empresas.

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A Pepe Grillo lo vieron en los headquarters de Johnson & Johnson, tras la manipulación de Tylenol con cianuro, en su disyuntiva ¿retiramos todo el producto del mercado, perdiendo millones y hundiendo la acción o minimizamos el problema esperando que no pase a mayores?. Su voz fue escuchada y la decisión de J & J fue retirar 31 millones de frascos a pesar de que las autoridades dijeron que no era necesario. Los estados financieros y la acción se impactaron negativamente, pero en un año recuperaron el 100% de su cuota de mercado.

También lo vieron merodeando en la ciudad de Ventura, California, en los headquarters de Patagonia, al descubrir que algunos de sus proveedores indirectos en Asia utilizaban prácticas de trabajo forzoso. Ante la decisión de si ignorarlo- pues legalmente estaban cubiertos-, o intervenir, decidieron auditar su cadena de suministro y publicar en su propio sitio web los hallazgos, admitiendo el problema, siendo transparentes y demostrando que son confiables a costa del impacto inmediato de hacer lo correcto.

Como Johnson y Johnson y Patagonia, hay empresas que escuchan la voz de la consciencia y actúan de manera coherente, sin embargo, son más renombrados los casos corporativos en donde se ignoró a esa pequeña voz interna en momentos de crisis. Enron, es uno de los casos más emblemáticos en los que la alta dirección prefirió la comodidad de una mentira rentable a la incomodidad de la verdad al maquillar sus estados financieros. Solo unos meses más tarde de que estallara el escándalo, la empresa quedó en bancarrota y desapareció. De forma similar, el reciente colapso de la plataforma de criptomonedas FTX en 2022 demostró la misma falta de ética: sus líderes malversaron miles de millones de dólares de los fondos de clientes, lo que llevó a la bancarrota y a su fundador a enfrentar cargos de fraude.

Y es que el precio de no escuchar a Pepe Grillo, puede llevarnos a caer en la isla de las tentaciones a la que Pinocho fue desobedeciendo también a su padre. Dulces, juegos y la promesa de una libertad sin consecuencias, no dista mucho de la tentación de la gratificación del corto plazo en las decisiones corporativas.

En el caso de Pinocho el precio de ir a la isla fue perder su voz y humanidad- al convertirse en burro-, sin embargo de manera mágica volvió a su estado de niño, como premio por su valentía al rescatar a Geppetto y obrar bien. En el mundo real infortunadamente no existe fórmula mágica para recuperar la confianza; no hay una redención instantánea, sino un camino largo y difícil de reconstrucción basado en la coherencia y la verdad.

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¿Confianza para qué? Para vender más y mejor, para atraer talento, mantener los equipos motivados, para construir relaciones a largo plazo, para tener consumidores leales y tener la credibilidad de los inversionistas. Confianza para todo eso y más, pero también para servir e impactar.

Según los resultados del Barómetro de Confianza de Edelman 2026, las empresas han consolidado su posición como el único actor social que logra balancear la eficiencia operativa con la responsabilidad moral, manteniéndose como la institución más confiable con un 64%. En comparación con otros jugadores determinantes en la sociedad, las empresas superan a las ONG (58%), los medios de comunicación (54%) y los Gobiernos (53%), reafirmando su rol como una luz de confianza para las personas.

Sí, las personas confían en las empresas y esto a la vez que es una gran ventaja es una gran responsabilidad. Las empresas están llamadas a ser confiables, no solo por lo ampliamente expuesto, sino porque también se puede liderar y propender por un mundo mejor desde el corporativo.

Es justo en esta dinámica de ser consistentes en la que se reivindica el rol del comunicador corporativo, actuando como la conciencia estratégica que vigila la brecha entre el decir y el hacer. Lejos de ser un maquillador de realidades, está llamado desde la verdad a construir una narrativa que le de vida al propósito y muchas veces a ser el incómodo Pepe Grillo que tiene la mirada puesta en No solo el Talk- Hablar, sino en el Walk the Talk- Hacer lo que se dice.

Según el informe Approaching the Future 2025 y 2026 de Corporate Excellence, la comunicación ha dejado de ser una herramienta táctica para convertirse en el eje de la estrategia. El 59.5% de los directivos identifica a la comunicación corporativa como el área estratégica más importante, subiendo posiciones frente a años anteriores.

Según la misma fuente, el rol de Comunicaciones Corporativas es el área que más recursos dedica a asegurar que el propósito se viva en la operación. Si detecta que el discurso no es consistente con la acción, actúa como esa conciencia moral para evitar el riesgo reputacional, porque ese es su más importante rol: proteger la confianza.

Pepe Grillo encarna la voz de la conciencia y del buen obrar pero se niega a vender su Ferrari. La pregunta es ¿por qué debe venderlo?. No necesitamos renunciar al mundo corporativo ni al lucro ni volvernos monjes -necesariamente- para impactar positivamente al mundo.

Es aquí donde el comunicador corporativo trasciende su rol siendo más allá de narrador de historias, el mayor evangelista del propósito y el arquitecto de la coherencia. Nuestro rol es asegurar que la potencia de ese Ferrari corporativo esté siempre alineada con la dirección que dicta la conciencia.

Se siente bien ganar dividendos pero se siente aún mejor si lo que hacemos para ganarlos tiene un propósito e impacta positivamente a otros. No hay contradicción. Tenemos la capacidad de convertir la rentabilidad en la consecuencia natural de haber obrado bien. Después de todo, como empresas estamos constituidos y liderados por personas de carne y hueso, vulnerables y con capacidad de discernir, y no simples muñecos de madera sacados de un cuento infantil.

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