Gustavo Mas
PADE de INALDE
Convivir con un problema que perdura en el tiempo es difícil. A las personas nos cuesta mantener temas abiertos por un largo período de tiempo. Afecta el estado de ánimo y la salud corporal. Por esto, buscamos cerrar cuestiones, aún a riesgo de no hacerlo de la mejor manera. También hay ejemplos de evasión, de escapar, de desaparecer física y mentalmente de los espacios y de las relaciones que nos atormentan.
El punto es que a veces es posible hacerlo, pero en otras situaciones es imposible. ¿Cómo podría un gerente general desaparecer de la mesa donde se deciden temas complejos de la organización? ¿Cómo podría un padre o una madre evadir un inconveniente que involucre a sus hijos? Las noches en las que habitan preocupaciones resultan un martirio. Las mañanas que marcan el inicio de jornadas complicadas son dolorosas de transitar. Las reflexiones que siguen son una invitación a analizar este tema y favorecer el entendimiento de algunas acciones que estarían disponibles.
Nana karobi ya oki
Caer siete veces y levantarse ocho, reza este proverbio japonés. Caer podría ser inevitable. Levantarse y seguir adelante debería ser la aspiración. El punto es que a veces nos resistimos a caer o fingimos no haber caído. La no aceptación de la prevalencia de un problema es el primer obstáculo por superar. Pensar que estamos bien, que siempre estamos bien, es una trampa. Un problema de salud, una crisis económica, una coyuntura del sector de tu empresa, un fracaso personal o profesional, son algunos ejemplos. Parecería ser que, si no reconocemos la realidad, estaremos mejor. Todo lo contrario. Admitirse “emproblemado” es el primer paso de la superación.
Conseguir convivir con un disgusto, con un dolor o con un pesar, resulta ser una gran fuente de aprendizaje. Al reconocerte débil, frágil y humano, habilitas reacciones esenciales para resurgir. Asumirte desvalido, te brinda una perspectiva única. Si cuentas con el poder de levantarte, óptimo. Si requieres de un apoyo externo, búscalo. Al instante siguiente, ya te ubicas en otra posición. Dar el primer paso es simbólico, pero tiene un valor único. A partir de ese instante, estás en la posición de mirar hacia atrás y apreciar tu evolución. La resiliencia y la perseverancia emergen como pilares, pero también los apoyos, las palancas y el estímulo que has podido obtener de otros, se muestran como recursos para articular una salida
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