Convivir con una decisión.

Convivir con una decisión

24/09/2026

Gustavo Mas
PADE de INALDE

Convivir con una decisión y sus implicancias es habitual. Todo el tiempo estamos decidiendo, tomando caminos, escogiendo cursos de acción, entre diferentes alternativas que se nos presentan o que nosotros mismos generamos. Las reflexiones que siguen se vinculan con determinaciones relevantes, de aquellas que nos tienen días o semanas elaborando acerca de sus potencialidades y riesgos, sobre sus ventajas y desventajas, con respecto a sus resultados de corto o largo plazo.

Son aquellas resoluciones en las que identificamos que lo que está en juego es valioso, sea una cifra económica abultada o un vínculo personal apreciado que podría afectarse. Este artículo completa la trilogía “Convivir con un problema” y “Convivir con una duda” y forma un conjunto único que contribuye a aportar elementos útiles para el posicionamiento personal y profesional.

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La realidad viene en combo.

Los beneficios junto con los costos; las oportunidades apareadas con los riesgos; elementos que te potencian y otros que te bloquean. La realidad suele presentarse con una combinación de dulces y amargos. Ojalá esta noción haya sido parte de tu análisis previo para no conducir luego a la frustración.

Si te has embarcado en el proyecto será porque, en un hipotético ejercicio de una balanza, el platillo de lo positivo sobrepasó en peso y valor al negativo. Lo bueno te permitirá disfrutar, realizarte, ser más, poder más. Lo no tan bueno será clave en la transformación y sus efectos colaterales siempre estarán presentes. ¿Los aprecias como un costo o como una inversión? Los costos son irreversibles y se impone su superación. Lo que inviertes tiene otra naturaleza. Posibilita futuros más promisorios, construye plataformas de desarrollo y de performance por venir.

La nueva asignación del tiempo suele ser un reto. Las prioridades podrían haber cambiado. Sitios, horarios, la flexibilidad requerida y la disponible. El análisis de cómo planeas y ejecutas la asignación de tu tiempo y de tu energía adquiere una relevancia destacada. El conocimiento de nuevas personas, lugares, dinámicas, e inclusive, los elementos clave de tu entrega, absorberán una parte importante de tu disposición. Dedicar un tiempo a organizar tus días es importante, pero, en escenarios de cambio, resulta vital. Diseña tu agenda con holguras para admitir desvíos o, simplemente, para una reserva de reflexión o de descanso. El acontecer tendrá su ritmo. Define su cadencia a tu favor.

Lo imprevisible aflora.

Siempre habrá algo que te sorprenda. Es imposible predecir todos los impactos y condiciones que producirá una decisión relevante. Habiendo dado el salto, la clave no pasa por auto presionarte, habilitando emociones como la culpa o el arrepentimiento, sino ubicarte más del lado del aprendizaje y las posibilidades. Lo que no has podido prever te incomodará, ciertamente. No es menos cierto que, salir de la zona de confort, es un elemento habitual en los procesos de mejora. No hay crecimiento o evolución que no traiga aparejado algún grado de incomodidad. Intenta enfrentar ese estado. Identifica las fuentes de la molestia. Esboza grupos de factores. Sitios, personas, actividades, horarios. Pregúntate,

  • ¿Dónde reside la mayor incomodidad?
  • ¿Qué te genera la mayor ansiedad?
  • ¿Cuáles son los gaps de capacidades y competencias?
  • ¿Qué pensamientos te desvelan por las noches o intranquilizan tus mañanas?

Con las respuestas por delante podría facilitarse el planteo de acciones. Traza algunas líneas hacia espacios de mayor bienestar. Síntomas iniciales de placer y satisfacción irán, poco a poco, validando tu estrategia. Lo inesperado cede el paso a lo estructurado. Encontrar estas vueltas depende, principalmente de ti. Ahora bien, considera seriamente la opción de pedir. Pedir ayuda, información o un consejo. Pedir no te hace más débil, te demuestra humano. Pedir no aumenta tu fragilidad, te otorga el poder de sumar a otros a tu propio proceso personal.

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Contener la respiración y sumergirse.

Una sensación de “no hacer pie” podría resultar frecuente. No llegas a tocar el fondo. ¿Cuán profundo está? Sería saludable tratar de alcanzar esta conciencia. Para ello es necesario sumergirse en los temas, profundizar en las cuestiones, adoptar un espíritu explorador, abrazar la curiosidad, permitirte una escucha profunda y una indagación activa.

La tentación de buscar patrones que se vinculen con tus experiencias pasadas o tu base de conocimiento actual será frecuente. Pero esto puede ser una trampa. Abre tu corazón a nuevas emociones, quizás perturbadoras al principio. El desconocer genera inseguridad y, principalmente, miedo. Intenta administrar los momentos. Contiene la respiración, sumérgete y vuelve a la superficie. Toma una idea inicial de los temas, conoce a las personas y deja un espacio para el aprendizaje y la introspección. La dinámica de ir y venir te permitirá también administrar tus energías y favorecer la comprensión que solo viene con la maduración que trae el paso del tiempo.

Esta coyuntura es también significativa para entender el carácter del entorno. La analogía sigue siendo válida:

  • ¿Cuán tranquilas o turbulentas son las aguas que atraviesas?
  • ¿El horizonte presenta tierra firme a la vista en algún rumbo o solo una inmensidad intraspasable?
  • ¿Tu equipo o tu organización lucen a primera vista adecuadas para la travesía o ya consigues identificar la ausencia de capacidades y de herramientas?

Captura estas informaciones y consolida un inventario inicial que te permitirá nutrir tu plan de acción.

Indicadores del nivel de confianza.

Tu nivel de confianza o autoconfianza es quizás el indicador más representativo de que has alcanzado un punto de convivencia amable con la decisión que has tomado. De la incomodidad inicial, del no saber o conocer comentado más arriba, de a poco irás transformando tus impresiones. Prestar atención a esa evolución es ir confirmando el crecimiento que estás consiguiendo. En el punto que empiezas a sentir que disfrutas y fluyes, tu confianza se fortalece. Es como un ciclo virtuoso. Ser efectivo, demuestra que tienes el poder de hacer. Ser eficiente, es reflejo de un desempeño que requiere menor esfuerzo físico o intelectual.

Tu balance de tiempo y energía se va optimizando y puedes ir por más. Los resultados que comiencen a llegar serán un estímulo adicional. La última escala es la del reconocimiento: cuando recibes retroalimentación positiva de quienes te rodean, se completa el ciclo que permite construir tu competencia y legitimar tu solvencia.

Las expectativas propias y las de otros aumentan y de, esta forma, sube la vara que referencia los niveles de tu satisfacción y la de los demás. Atención a este movimiento. De ser alguien que está llegando, que es nuevo en un sitio o en una relación, la realidad pasa, más o menos rápido, a requerirte respuestas y posicionamientos. Adviene la palabra responsabilidad que se combina con compromiso y un sentido de hacer bien, adecuado, justo. Este proceso modela tu personalidad y presenta una oportunidad única de enriquecer tu ser.

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Preguntas en perspectiva.

Un mes, seis meses, un año… A lo lejos ha quedado el desafío de tomar la decisión y sus implicaciones. Al observar ese hito a la distancia, ¿Qué reflexiones emergen? ¿Cómo se comparan con tus pensamientos previos? Y las emociones, ¿Se han transformado en el proceso de convivir con tu decisión? La relación de expectativas y satisfacción, ¿Arroja un balance positivo?

Mirar hacia atrás y confrontar los obstáculos que has superado, alimenta tu autoestima y muestra con claridad que nada es para siempre. Solo un ciclo precedido por otros y que precederá a otros, los cuales irán construyendo la persona única y maravillosa que eres.

La serie Palabra de Coach.

Palabra de Coach es una serie de artículos que explora, desde una mirada práctica y reflexiva, los desafíos actuales de la gestión personal y organizacional en contextos de cambio, incertidumbre y complejidad creciente. A través de ideas claras y enfoques que invitan a profundizar, propone revisar cómo interpretamos lo que ocurre, cómo conversamos, decidimos, coordinamos acciones y qué impacto tiene todo eso en los resultados. Más que ofrecer respuestas cerradas, busca abrir preguntas que amplíen la forma de mirar y habiliten nuevas posibilidades de acción. Su propósito es realizar un aporte distintivo, dar criterios y sentido para intervenir con mayor efectividad estrategias y posicionamientos, tanto a nivel individual como en el mundo del trabajo.Final del formulario

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