La realidad viene en combo.
Los beneficios junto con los costos; las oportunidades apareadas con los riesgos; elementos que te potencian y otros que te bloquean. La realidad suele presentarse con una combinación de dulces y amargos. Ojalá esta noción haya sido parte de tu análisis previo para no conducir luego a la frustración.
Si te has embarcado en el proyecto será porque, en un hipotético ejercicio de una balanza, el platillo de lo positivo sobrepasó en peso y valor al negativo. Lo bueno te permitirá disfrutar, realizarte, ser más, poder más. Lo no tan bueno será clave en la transformación y sus efectos colaterales siempre estarán presentes. ¿Los aprecias como un costo o como una inversión? Los costos son irreversibles y se impone su superación. Lo que inviertes tiene otra naturaleza. Posibilita futuros más promisorios, construye plataformas de desarrollo y de performance por venir.
La nueva asignación del tiempo suele ser un reto. Las prioridades podrían haber cambiado. Sitios, horarios, la flexibilidad requerida y la disponible. El análisis de cómo planeas y ejecutas la asignación de tu tiempo y de tu energía adquiere una relevancia destacada. El conocimiento de nuevas personas, lugares, dinámicas, e inclusive, los elementos clave de tu entrega, absorberán una parte importante de tu disposición. Dedicar un tiempo a organizar tus días es importante, pero, en escenarios de cambio, resulta vital. Diseña tu agenda con holguras para admitir desvíos o, simplemente, para una reserva de reflexión o de descanso. El acontecer tendrá su ritmo. Define su cadencia a tu favor.
Lo imprevisible aflora.
Siempre habrá algo que te sorprenda. Es imposible predecir todos los impactos y condiciones que producirá una decisión relevante. Habiendo dado el salto, la clave no pasa por auto presionarte, habilitando emociones como la culpa o el arrepentimiento, sino ubicarte más del lado del aprendizaje y las posibilidades. Lo que no has podido prever te incomodará, ciertamente. No es menos cierto que, salir de la zona de confort, es un elemento habitual en los procesos de mejora. No hay crecimiento o evolución que no traiga aparejado algún grado de incomodidad. Intenta enfrentar ese estado. Identifica las fuentes de la molestia. Esboza grupos de factores. Sitios, personas, actividades, horarios. Pregúntate,
- ¿Dónde reside la mayor incomodidad?
- ¿Qué te genera la mayor ansiedad?
- ¿Cuáles son los gaps de capacidades y competencias?
- ¿Qué pensamientos te desvelan por las noches o intranquilizan tus mañanas?
Con las respuestas por delante podría facilitarse el planteo de acciones. Traza algunas líneas hacia espacios de mayor bienestar. Síntomas iniciales de placer y satisfacción irán, poco a poco, validando tu estrategia. Lo inesperado cede el paso a lo estructurado. Encontrar estas vueltas depende, principalmente de ti. Ahora bien, considera seriamente la opción de pedir. Pedir ayuda, información o un consejo. Pedir no te hace más débil, te demuestra humano. Pedir no aumenta tu fragilidad, te otorga el poder de sumar a otros a tu propio proceso personal.
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