Una visión con grandes expectativas

29/09/2026

Carlos Francisco Restrepo
PDD de INALDE

Empiezo con un cuento de la tradición popular iberoamericana llamada "el viejo, el niño y el burro":

Dice la fábula que una vez iban por un camino un viejo, un burro y un niño. El niño iba montado en el burro y el viejo lo llevaba de cabestro. Pasaron por un caserío, y la gente criticaba: "Qué niño más desconsiderado, no se da cuenta de lo cansado que irá su abuelo".

Al oír los comentarios, el niño se bajó y el viejo se montó al burro. Pasaron por otra aldea y la gente protestaba: "Qué viejo tan descarado, poner un niño a caminar, no hay derecho".

Ante esta crítica, el viejo resolvió que su nieto se montara también, al anca, detrás de él. Pero al pasar por el siguiente pueblo la gente murmuraba: "Qué abusivos, pobre burrito con semejante peso".

Al oír esta observación, se apearon los dos y siguieron caminando al lado del burro. Ya iban llegando a su destino, pero al entrar al pueblo la gente los señalaba y se burlaba de ellos: "Miren qué idiotas, tienen un burro y ni siquiera lo usan".

Llegó un momento en mi vida en que las preguntas sobre quien soy, y qué debo ser y lograr, se convirtieron en un asunto pendiente, un pasajero permanente que ya no podía ser ignorado. Así que empecé a buscar respuestas.

Al principio éstas fueron bastante superficiales, construidas a partir referentes que la sociedad ha encumbrado. Quizás es que el ruido y brillo del mundo inducen a pensar que construir una mejor versión de uno mismo es un asunto exclusivamente de éxito y por tanto se trata de tener o poder.

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No obstante, más pronto que tarde, dichas respuestas dejaron de satisfacerme, pues alcanzar expectativas impuestas simplemente no me llenaba, y no alcanzarlas me generaba frustración (y no solo a mí); de hecho, muchos de mis intentos por cumplir solo conseguían provocar críticas (como en el cuento) y ello me generaba confusión, presión y frustración.

Pronto descubrí que el problema no radicaba en las críticas recibidas, sino en que yo no tenía expectativas propias. Viendo todo en perspectiva, me doy cuenta que todo lo vivido fue necesario, y al final me ayudó a comprender que uno no recorre el camino de otros, sino que recorre su propio camino, con otros, o incluso a pesar de otros.

Y es que tener expectativas propias cambia por completo la perspectiva, pues ellas se consolidan en una imagen de futuro, una imagen de lo que uno puede llegar a ser, una imagen en la que el propio potencial se ha desatado. Y esa imagen, a la que llamaremos VISION, toma tal fuerza, adquiere tal protagonismo, que ayuda a dar rumbo a nuestra vida, da claridad respecto de qué significa ser mejor, y lo que con esto se puede lograr, y en tal sentido impulsa y brinda seguridad.

Así las cosas, clarificar o definir expectativas propias es en esencia una reflexión sobre el propio potencial, y en tal sentido una respuesta a la pregunta: ¿Puedo ser mejor, existe una mejor versión de mí mismo?, que conlleva también a resolver ¿qué es lo que debo aprender y qué cosas debo cambiar para lograrlo?

Para exponer mejor este concepto, acudo a un pequeño cuento: Una persona perdida pregunta a un lugareño cual bus debe tomar, así que aquel le pregunta ¿para dónde va?, obteniendo como respuesta un rotundo “No Sé”. “Entonces cualquier bus le sirve”, diría el segundo.

Una conclusión lógica es que tener expectativas propias y consolidarlas en una Visión, da un destino, y nos ayuda a hacernos dueños de nuestro propio futuro.

No obstante, construir nuestra mejor versión requiere también de la observación activa de uno mismo. Es decir, para ser mejor de lo que hoy soy necesito no solo saber para donde voy, sino ser consciente de quien soy y donde estoy, por consiguiente, debo darme cuenta de cuáles son mis marcos de referencia (valores, creencias) y cómo estos influencian lo que hago, lo que pienso y siento y del impacto de mis acciones sobre los demás, entre otras cosas.

Esto es fundamental, pues, retomando el cuento anterior, diría, que para que aquel lugareño le indique al perdido cual bus debe tomar, primero el mismo lugareño debe saber dónde está pues de lo contrario, nuevamente, cualquier bus sirve.

Así estaba yo cuando comencé a buscar respuestas, no tenía expectativas propias y no me conocía. No sabía dónde estaba ni para dónde ir y, por consiguiente, iba con la marea: sin rumbo.

Esta misma idea aplica perfectamente a las organizaciones, para las cuales definir expectativas y consolidarlas en una visión también es una necesidad. Una visión que hable con claridad del futuro y que condense, no solo lo que la organización quiere lograr, sino también que se quiere que la organización llegue a ser; una Visión que trace un rumbo claro y permita avanzar con solidez hacia el futuro; una visión que defina el significado del éxito, una que influencie, para bien, las decisiones que sus líderes toman en el presente y las acciones de todos quienes allí trabajan.

No importa si la declaración de tal visión es corta o larga, lo que importa es la fuerza de la imagen que con dicha visión se crea, lo importante es la claridad de las expectativas que contiene y la coherencia con lo que la organización hace y es. Es decir, la visión debe al mismo tiempo mantener la esencia y proyectar futuro.

El camino hacia la mejor versión no acaba, y no siempre es fácil, pues la posibilidad de encontrar obstáculos y razones para abandonar siempre estará latente. Por ello, si bien se debe ser constante y avanzar con convicción, en los momentos de balance hay que evaluar con tolerancia y firmeza, sin ser demasiado duros, pues al fin de cuentas errar es humano, pero tampoco siendo laxos, pues es esencial no estancarse en los mismos errores y por el contrario aprender de ellos para evolucionar y avanzar.

Para concluir quisiera invitar a pensar que no se trata de ser mejor solo porque podemos serlo, es decir, por nosotros mismos, con una visión egoísta quizás, sino y por el contrario, porque hay por quien hacerlo: Nuestra familia y amigos, nuestra comunidad y país, por la humanidad. Todos ellos merecen, y merecemos, que cada organización, que cada persona, alcance y comparta la mejor versión de sí misma. Seguro será un avance significativo en la construcción de un mundo mejor.

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