Inicio / Dirección de Empresas / Hablemos esta vez de la madre que te parió

Hablemos esta vez de la madre que te parió

Dirección de Empresas
10/03/2020

Artículo escrito por Javier Tovar, profesor de INALDE Business School

 

Hace ya muchos años tuve la oportunidad de asistir a una conferencia de Manuel Elkin Patarroyo en la Universidad Nacional de Colombia, esta charla de algo menos de dos horas marcaría grandes decisiones en mi vida, la primera, que a partir de ese momento buscaría la oportunidad de hacer algo por el mundo; la segunda: no dejaría que nada se entrometiera en la búsqueda de mis sueños, porque ante todo, lo que me enseñó Patarroyo, fue a soñar, a buscar la plenitud en lo que nos apasiona y a dejar huella en la humanidad.

En esta misma charla, con el paso de las preguntas, hubo una que causó en mí una revelación muy especial, eso sí, antes de empezar me excuso si alguien ya la escuchó, si omito detalles o si los lugares que relataré no son precisamente aquellos que dan fiel reflejo de los hechos, el todo es que la historia cómo historia es real. En la cena de gala posterior a la entrega del Premio Príncipe de Asturias, Doña Sofía, Reina de España se acercó al Doctor Patarroyo con alguna cara de desconcierto, él, esperando un gesto de reconocimiento, solo recibió una simple solicitud: Manuel Elkin, preséntame a la madre que te parió, este mérito no es tuyo, ha sido de la mujer que te trajo al mundo.

Cuenta él, que este ha sido uno de recuerdos más bonitos y profundos de su carrera, porque la Reina de España le demostró, que él, muy a pesar de sus logros, era infinitamente pequeño al lado de la labor que hacían sus padres y en especial la de su madre.

Las historias de éxito nunca nacen solas, detrás de estas hay numerosas horas de trabajo, de esfuerzos, de dificultades y de renuncia; las historias de muchas de las grandes ejecutivas y empresarias de nuestro país tienen una parte sin contar y sin reconocer, las de sus madres y abuelas que hicieron grandes sacrificios, que trabajaron duro y sin quejarse, para que ellas: sus hijas y nietas, algún día tuvieran una mayor posibilidad de convertirse en una historia de éxito.

Para aquellas madres y abuelas, los tiempos eran otros, sin duda, el machismo era extremo, pero sabían (quizás de una manera inconsciente), que ese era su grano de arena para que en un futuro la mujer colombiana tuviera el reconocimiento que por derecho propio era suyo, el derecho a construir un país. Por todas y cada una de ellas va este artículo.

Y es precisamente cuando hablo de historias de valentía y liderazgo, cuando recuerdo aquellas que  han hecho un punto de inflexión en mi vida, empezaré por mi abuela, su nombre es Elisa y es una mujer fuerte, campesina, solo sabe escribir y nunca tuvo la oportunidad de ir a una escuela, sus castigos para mí nunca tuvieron una mala palabra, recuerdo, por el contrario, que me obligaba a ver los programas de matemáticas que salían en la televisión cómo forma de castigo; mi abuela siempre me decía: “mijo, cuando sea grande, esto que está viendo le va a servir para ser importante, dedíquele el tiempo a lo que importa y nunca deje de estudiar”, y yo, en su honor, nunca he dejado de hacerlo, porque cada vez que ingreso a una universidad, es mi abuela quien da (de manera simbólica), el primer paso.

Por otro lado, las lecciones de liderazgo más importante vienen por el lado de mi mamá, ella me enseñó que no hay mejor camino para liderar que tratar a las personas con bondad, que cualquier persona merece el mismo respeto que nosotros exigimos, me enseñó con el ejemplo aquello que se puede describir mejor en palabras del mismo Doctor Patarroyo…” Aspiro morir pobre, pero rico en sentimientos, rico en cariño, rico en afecto y con la satisfacción de haber sido útil a mis semejantes”.

Mientras tanto, mi esposa me hace espectador privilegiado de las más grandes lecciones de humanidad, enseña a mis hijas cosas que yo siquiera imaginaría que son importantes, les enseña carácter, les inculca su valor cómo personas, abre sus ojos al mundo; mi esposa me ha enseñado que no se necesita nada para ser mamá, eso viene desde adentro, desde el corazón.

Ya para terminar me gustaría cerrar con una reflexión que siempre suelo hacer a aquellas personas que han acudido a mí en busca de un consejo: pregunto, ¿cómo crees que Dios ve tu trabajo?, ¿cómo le describirías a Dios lo qué haces en el mundo?,  les aseguro que Dios verá sus trabajos con profunda simplicidad, (porque Dios no sabe de trabajos y quizás muy poco de estructuras), sin embargo, con el propósito de dejar una pregunta abierta para todas las mujeres que han tenido la generosidad de leer este artículo les quiero preguntar ... ¿Y cómo crees que Dios imagina tu papel cómo mujer en el mundo?, también les aseguro que esta vez lo mirará con profunda seriedad y reflexión. Mujeres, la historia está por escribirse…

¡Feliz día de la mujer!