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La salud mental de mi equipo

Gestión del talento
24/06/2024

María José Zuleta González
Profesora
INALDE Business School

Hablar de salud mental en un contexto laboral puede parecer atrevido. Lo primero que hay que destacar es que se trata de buscar serenidad, autocontrol, sosiego y paciencia para el desempeño cotidiano. Si hablamos de patologías relacionadas con la salud mental, entonces debemos acudir a especialistas que sabrán proporcionar las terapias adecuadas y, si es necesario, la medicación correspondiente.

En la búsqueda de la serenidad laboral es necesario un mínimo de autoconocimiento que facilite la identificación de nuestras emociones. Antes de pensar en nuestra vida interior en el trabajo, vale la pena reflexionar sobre nuestra vida interior en general. Preguntémonos: ¿Cómo reacciono cuando algo no resulta como espero?, ¿grito?, ¿lloro?, ¿me conformo?, ¿busco al responsable?, ¿me lleno de argumentos contra alguien?

En las respuestas a estas preguntas, aunque sean superficiales, puedo empezar a conocerme mejor. Si mis reacciones están llenas de una emocionalidad descontrolada o si siempre responsabilizo a otros de mis problemas, es probable que deba trabajar en mí mismo. No se trata del trabajo en sí, sino de mi relación con el entorno.

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Es necesario trabajar en nosotros mismos, en nuestra identidad y en la gestión de nuestras emociones para proyectar una vida laboral más amable para todos. De esta manera, podemos buscar herramientas que faciliten los estados emocionales en el trabajo, sabiendo que en la vida laboral la convivencia con los demás solo tiene un vector de control personal: yo me controlo a mí mismo; haga lo que haga, no controlo a los demás.

Si queremos una receta para que nuestros colaboradores se sientan a gusto, tranquilos y, por lo tanto, sean mejores personas y empleados, aquí van algunos ingredientes:

Foco: Las personas necesitamos claridad en las funciones y en las expectativas. Los colaboradores no pueden adivinar los deseos de quien los manda. Debemos hacer preguntas concretas sobre plazos, tiempos y calidades, y debemos saber dar la información de manera breve y clara. Las indicaciones deben ser claras, con plazos y seguimiento amable.

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Participación: Los líderes de procesos laborales debemos ser capaces de distribuir funciones y supervisarlas sin agobiar a nadie. Todas las personas en una organización quieren hacer algo, por mínimo que sea; hay que permitirlo y fomentarlo, aunque sea difícil. Funciones claras y específicas para cada uno, y que nadie se quede sin tener algo que hacer para su propia dignidad.

Incluir en la conversación: Es muy desagradable estar presente en una conversación en la que uno no está incluido, peor aún que nos pidan retirarnos para hablar “una cosita”. La conversación inclusiva favorece la serenidad. Tratemos de no hacer silencios forzados en presencia de los demás. Si estamos hablando y llega alguien, sigamos hablando, aunque sea de otra cosa. Es nuestra responsabilidad hacer sentir bien a los demás.

Líderes coherentes: Cuidado con ser percibidos como quienes dicen una cosa pero hacen otra. Un colaborador es un juez implacable de la coherencia, como los hijos. Seamos coherentes; que nuestras palabras se hagan realidad en nuestras acciones. Cuidado con que nos calce el adagio de “El cura predica, pero no se lo aplica”.

Siguiendo estos principios, podemos contribuir a crear un ambiente laboral más saludable y productivo para todos.

Escucha el podcast: "¿Por qué perdemos talento? El journey de los colaboradores en la empresa - INALDE Business School"